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Breves desde Sitges 2011

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Un año más tengo la satisfacción de volver al Festival de Sitges, una de las citas cinéfagas más divertidas del panorama patrio, donde he tenido la suerte de estar presente como parte del equipo del cortometraje en sección oficial Carabás, de F. Calvelo. Entre pases, compromisos, cenas y reencuentros aún queda tiempo (cada vez menos) para ver la enorme y complejísima programación del festival, que enfrenta una temporada donde la crisis y las polémicas pacatas no han podido hacer sombra a una exhibición de lo mejor del cine de género del presente año. E aquí las pocas películas que he tenido oportunidad ver:

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Attack the block (Joe Cornish)

Construída como un desafío a Amblin, Attack the block es la gran sorpresa de este año, un título cargado de ritmo y humor salvaje que lleva su propuesta de delincuentes juveniles contra aliens cabreados más lejos de lo que podría parecer. A la imparable cadencia y desfile de brutalidades se le une un extravagante subtexto político sobre los nacionalismos y la necesidad de rebelación contra la autoridad que bien podría formar parte del zeitgeist de las recientes revueltas en Londres.

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Beyond the black rainbow (Panos Cosmatos)

Aunque la comparación con David Cronenberg es más que evidente, esta historia de un 1983 alternativo donde un científico esotérico retiene a una niña con poderes mentales se acerca más al cine del incorregible Ken Russell que a la nueva carne canadiense. Rodada con un esteticismo muy cuidado pero con una constante repetición de recursos de cámara, la película consigue resultar simpática pese a las dificultades con las que avanza y la variedad de géneros que maneja.

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Decapoda Shock (Javier Chillón)

Divertidísimo cortometraje que explora los límites de la imaginería pop y la deconstrucción del icono a través de un astronauta mutado en busca de venganza. En tan solo unos minutos, Chillón comprime una historia compleja que se apoya en los espacios vacíos que llena el espectador y que supone una construcción en off de un arco de personaje, aprovechando el formato corto con mucho cariño, al estilo de ese hermoso panorama oculto que desarrolla gente como Velasco Broca o Chema García Ibarra. Mi mayor pesar es que esa escasa duración me haga desear más y que sus potentes imágenes se dejasen caer en un formato largo, pero más que un inconveniente, es un lamento.

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Extraterrestre (Nacho Vigalondo)

El regreso de uno de nuestros directores más populares viene de la mano de esta película valiente, donde combina la falta de medios con un guión al completo servicio de los actores y una planificación ingeniosa. El humor pasa de un estilo clásico al disparate más propio de los miembros de Muchachada Nui que aquí aparecen para hacer una película más accesible para el público que Los Cronocrímenes sin sacrificar su base teórica, y regalando, como en aquella, algún que otro momento icónico.

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Gantz (Shinsuke Sato)

Decepcionante adaptación del autor de The princess blade, basado en uno de los mangas más disparatados y angustiosos.  La película renuncia a desarrollar la psicología de su protagonista (un sociópata en potencia que se ve arrastrado a un juego de caza alienígena para recuperar su vida) a medida que prescinde de la violencia y sexo que servían de motor al personaje en favor de un tono más complaciente que, sin embargo, mantiene aciertos tan divertidos como el enfrentamiento a un robot melómano. Es inevitable lamentar que no sea un producto tan descarado y subversivo como la obra de la que surge.

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La Granja (Ignacio Lasierra)

Lo primero que cabe destacar es su acabado profesional, algo ya poco habitual en el mundo del corto pero que no tendría mayor mérito de no ser de la utilidad en la que se dispone: esta historia de suspense se mantiene en un tono tan ambiguo y poco dado a los alardes que demuestra a un gran director detrás, sin los vicios tan habituales de los cortometrajistas dados a utilizar el formato como plataforma y no como un fin en sí mismo. Una historia que encaja perfectamente en su duración aunque la mala proyección en Brigadoon impidió que se apreciase los momentos más oscuros de la obra.

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Hell (Tim Fehlbaum)

Partiendo de una premisa prometedora, donde el mundo sufre de tormentas solares que ha subido la temperatura mundial y convertido el agua en un producto de lujo, Fehlbaum pronto se olvida de ella para ofrecer una obra mucho más convencional, tomando como modelo la portentosa La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974) con muy pocas innovaciones y de atmósfera más relajada. Incapaz de estallar en ningún momento, se convierte en una película inofensiva.

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Melancholia (Lars Von Trier)

El enfant terrible por excelencia vuelve con una película donde combina lo mejor de su cine: la mala leche, su brillante imaginación simbólica y la capacidad para frustrar al espectador como nadie. Aunque menos ágil que Anticristo, la película se divide en dos partes donde la primera recupera lo mejor de la escuela Dogma para conducirnos después a su nueva etapa como un realizador en deuda con Tarkovski Bergman, en un ejercicio por sumir al espectador en un ambivalente estado de asombro y depresión ante una catarsis final que debe ser apreciada en pantalla grande y al máximo volumen. Von Trier, consciente de todos aquellos defectos que pueden achacar a esta nueva película, juega a autojustificarse en boca de los personajes y devuelve la pelota con una sonrisa maléfica.

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Mi burro (Zach Passero)

Astracanada orgullosa de su descaro, Mi burro es un viaje a tópicos latinos donde la mayoría del humor se sustenta en unos increíbles diálogos en español macarrónico. Aunque se trata de la primera parte de una trilogía, y por tanto apenas una presentación de personajes, se apunta su mal gusto con orgullo y resulta un pequeño aperitivo para lo que después fue la angustiosa proyección de The Woman (ver más adelante), siendo un alivio que, sin embargo, destila tan mala leche como la película a la que precede.

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Ocho (Raúl Cerezo)

Siguiente paso en el manierismo de Raúl Cerezo que aquí destila algunas de sus obsesiones en forma de relato mistérico. Sustentado por la banda sonora y ningún diálogo, Cerezo recurre a la memoria cinéfila del espectador para que rellene una obra de constante intensidad que poco a poco va rebelándose, paradójicamente, como un cuento más sencillo y clásico de lo que a primera vista parece. Resalta el envidiable diseño de sus planos, tan mimados y obsesivos que delatan la creciente necesidad de que el talento de su director de un salto inmediato al largometraje para seguir destilando sus atmósferas más densas.

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Osamu Tezuka’s Buddha: the great departure (Kôzô Morishita)

Primera parte de una trilogía sobre la vida de Buda tomada literalmente de la obra de Osamu Tezuka, que ya se había tomado sus libertades en la obra original. Destilando el humanismo que caracteriza al autor que corona el título de esta película, está, sin embargo, algo por debajo de los fenomenales hallazgos que el Dios del Manga había realizado en el campo de la animación, conformándose con ser una obra épica de marcado tono kitsch. Aunque su estructura puede llevar a la confusión a un espectador nada familiarizado con esta historia en particular, resulta un viaje intrigante por las dobleces de una parte de la historia y la geografía no lo suficientemente bien explorada en el cine.

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Quantum Men (Carlos Serrano Azcona)

Documental sobre las prácticas psicochamanísticas de Alejandro Jodorowsky (más un clon de su padre que un hijo), pronto se extiende sobre temas más generales al trazar la idea del rito como elemento de sanación de la mente y la catarsis a través del simbolismo, el teatro y la comunicación indirecta con el subconsciente. Demasiado ocupada a veces en mostrar la absurdez de los chamanes modernos en comparación con el sincretismo de Jodorowsky Junior, no consigue llegar a una conclusión satisfactoria, si bien el discurso de su figura central resulta sorprendentemente coherente pese a caminar, demasiadas veces, sobre el borde que separa al idealista del timador.

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The Turin Horse (Bela Tarr y Ágnes Hranitzky)

Si hacemos caso a sus declaraciones, esta es la última obra de Bela Tarr, lo que supone un cierre consciente a través de dos imágenes que sustentan el discurso de esta última película: en primer lugar, la anécdota de Nietzsche volviéndose loco y dejando que su vida se apague como una vela; en segundo lugar, el retrato de la rutinaria vida de un cochero y su hija, en un páramo ululante, donde el fin del mundo se presenta en seis días como la deconstrucción de un relato al que cada vez le faltan más elementos mientras interactúa con los vestigios de un mundo en off. Intencionadamente inaguantable, destacan los planos secuencia que Tarr construye en torno a los distintos puntos de vista en los que, cada día, filma la misma acción repetida con ligeras variaciones, como una sinfonía extraña e hipnótica.

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Twixt (Francis Ford Coppola)

A pesar de su escasa calidad técnica, cabría preguntarse, a la vista de la conclusión de esta película, si no está el otrora director de El Padrino tratando decirnos algo. Desde luego, la figura del escritor en horas bajas tratando de recuperar una historia que salga de sus entrañas y que es visitado por un Virgilio con el rostro de Edgar Allan Poe. De este modo, Coppola pone en boca de Poe sus propias palabras a la hora de abordar El Cuervo como manual para construir la obra melancólica perfecta y termina llevando la película al campo del exorcismo personal, haciendo de la identificación entre el personaje de Val Kilmer y el propio Coppola algo más que evidente. Mientras tanto, la trama se desenvuelve como un absoluto caos mientras se nos presentan tan solo ¡dos escenas! en 3D que parecen puestas ahí exclusivamente para enfurecer al público. El resultado final no solo bordea el ridículo, sino que lo hace con el orgullo de un director que sabe que no volverá a vivir días mejores… y al que no le importa en absoluto.

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Verbo (Eduardo Chapero-Jackson)

Director reconocido antes de debutar con este largometraje, Chapero-Jackson propone un salto sin red del que cuesta discernir su responsabilidad. Justificado por la ingenuidad de su protagonista pequeño-burguesa y las ansias de partir del inexistente cine para adolescentes de nuestro país, es inevitable que no se vea con cierto cinismo el resultado final, que peca no ya de un anacronismo (basando parte de los diálogos en rimas de los raperos Nach Scratch y Liriko, aparecidas en el disco Poesía difusa hace ya más de 8 años) sino de una sensación de vaciado aséptico que no termina de ser un producto puramente comercial ni refleja la libertad que su autor mostraba en sus cortometrajes. Es así, pues, un perro verde que pretende ser espejo de una realidad que no existe más que en las distorsionadas mentes de los despachos, siendo su retrato “de la calle” tan artificial como lo ha sido siempre

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The Woman (Lucky McKee)

La gran sorpresa del festival, aún cuando su autor goza de un status de culto más que merecido, es esta película de la que poco o nada se puede decir sin desvelar una enrevesada trama sobre lo que suponen los núcleos familiares y las construcciones sociales. Con un salvajismo impropio, si bien su nivel de violencia se mantiene más bajo que su irreverencia social, desvela unas poderosísimas interpretaciones y un incómodo humor negro donde el director juega a cambiar nuestras empatías a medida que avanza el relato, tratando de entender un retrato familiar donde parecen ocultas más cosas de las que se ven a simple vista.

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Cinegrafía microespacial

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Cinegrafía microespacial es el título del cortometraje que he realizado exclusivamente para el LifeCam Shorts Film Festival y que se puede ver, antes de leer el siguiente texto, aquí.

Como creo que es evidente para cualquiera que esté ligeramente familiarizado con su obra (y léxico), el cortometraje viene inspirado por la figura de José Val del Omar, más concretamente, por mi reciente lectura del libro Desbordamiento de Val del Omar, editado con motivo de la próxima exposición en el Reina Sofía de la obra de este cinemista. Me sorprende encontrarme esta misma mañana un excelente artículo sobre Velasco Broca, actualmente trabajando en el laboratorio PLAT del propio Val del Omar, y donde define su obra como “hechizos, como encantamientos cinematográficos”. Mi intención con esta pequeña travesura audiovisual era llevar esa misma sensación que comparto por la obra del granadino, a un terreno literal: el cortometraje es la herramienta de un personaje /alter ego que utiliza una webcam para preservarse a sí mismo a través de insertar imágenes, con un hechizo, en la mente de ingenuos espectadores. Las sincronías no acaban aquí y no me ha dado cuenta hasta más tarde que el cortometraje tiene una consonancia real en mi mismo, a través de otra distracción personal como son los “Diarios Visuales”, pequeños montajes perezosamente trabajados que pretenden darle otra vida a planos al azar que conservo en todo el material que grabo, incluyendo viajes, vacaciones, rodajes, edición de videos ajenos o momentos de pura perplejidad. Simplemente, un ejercicio, o un recuerdo grabado de un sentimiento temporal a los que intento volver de vez en cuando, buscando menos el resultado técnico como lo percibido en las fechas que incluyo en ellos. Puede que estos pequeños montajes no los haga, como el protagonista de Cinegrafía microespacial, para ser vistos por el público, pero dejarlos a la vista forma parte del hechizo.

Qué estoy haciendo ahora

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Puede que este sea el post menos interesante que escriba en los próximos meses. No por que considere que voy a escribir posts que despierten más interés, si no por el hecho de  que voy a escribir menos de lo que me gustaría. Los motivos de la intermitente actividad de este blog son varios: me gustaría decir que principalmente tiene que ver con encontrar un tema interesante que tratar, con un contenido u opinión que no pueda ser encontrado en cualquier blog y que además, me aporte algo a mi mismo en su redacción. Pero esos son los motivos por los que escribo, no los de porque no escribo. Los motivos a los que en realidad me refiero es al continuo bandeo de proyectos, trabajos, iniciativas y deseos a los que me veo sumido en esta etapa de mi vida. Mi creencia y mis mejores esperanzas es que esto sólo sea el comienzo de un largo proceso, pues es una necesidad de movilizar con todo lo que soy capaz actualmente, una forma de reafirmar aquellas cosas en las que creo – en un sentido secular – poniéndolas en prácticas.

Enumerarlas aquí sólo serviría para mi propio escarnio. Como el que hace propósito de año nuevo y se descubre en marzo habiendo olvidado sus aspiraciones y promesas. Lo más terrible de estos proyectos es que nunca hay un momento verdaderamente ideal para hablar de ellos públicamente: cuando no están confirmados, son solo ideas revoloteando que se pueden caer con una facilidad pasmosa; cuando están en funcionamiento, tienes cosas mejores de las que preocuparte que andar explicando que haces y contarlos, bueno, contarlo no va a darte ninguna seguridad de que lo concluyas tal y como querías. Sin embargo, puedo ser más genérico y limitarme a decir que si escribo menos aquí es porque estoy escribiendo más en otras partes. Una pequeña porción de esas partes ya las conocen: en ese proyecto gigantesco que es We Love Cinema pueden leer mi crónica del desencuentro entre el cine español y su público (y su segunda parte) y una modesta reflexión sobre el cine teen y sus ansias recicladoras, además de este minúsculo comentario que me han publicado (¡todo un honor!) en la mítica “Miradas de cine” sobre el  penúltimo proyecto de  mi admirado Don Hertzfeldt, que en realidad, creo que dice más de mi mismo – y lo demostraré a su debido tiempo con El autómata – que del animador californiano; este último artículo viene en función de mi lista de (algunas de) las mejores películas de la pasada década. El resto de escritos, la mayoría de ficción, estarán de momento buscando el modo de llegar de la mejor manera posible. Algunos vendrán en imágenes y otros no. La mayoría ni siquiera llegarán.

Mientras tanto, este sábado 1 de mayo, a las 23.30, podrán encontrar en Casa das Atochas (A Coruña) el cortometraje Cabeza de pescado – que dirigí hace ya… ¡dos años! – entre una selección de cortometrajes que, para que engañarles, admiro como una groupie histérica. La cita es Freakamacine, e incluye nombres como Velasco BrocaJavi CaminoRubén CocaOzo,Omar Rabuñal o Borja Crespo. Gente que ya ha contado más historias que yo.

Ya está. No hay nada más. Ninguna sorpresa, ninguna revelación. Has leído hasta aquí para nada.  Esto es el anticlimax del post. La parte optimista es suponer que si la primera frase de este texto no te ha desanimado lo suficiente como para llegar hasta aquí, algo estoy haciendo bien. Lo mejor que me pueda pasar es que haya mentido en esa primera frase. Este no debería ser el post menos interesante que escriba en meses. Debería ser  lo menos interesante que escriba en los próximos años.

And so it begins…

Velasco Broca. Una aproximación.

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La siguiente entrevista viene de lejos, concretamente, de un año atrás en el tiempo; en el transcurso de los meses, tanto la vida del entrevistado como del encuestador han tomado nuevos matices y esta continua evolución, sumada a la incompatibilidad de dos agendas muy apretadas, han provocado la tardanza de esta cita, creo que la espera ha merecido la pena. Lo que no se debe dudar, es que el cine de César Velasco Broca (Amurrio, Álava, 1978) es lo suficientemente peculiar para despertar filias y fobias a su alrededor, es curioso que en principio, esta entrevista se hubiese planteado como un modo de dar a conocer a uno de los cineastas patrios más interesantes de la actualidad, pero se ha vuelto ha demostrar la máxima de que los talentos ocultos no permanecen en ese estado demasiado tiempo y tras su éxito en los festivales de Slamdance, Escorto, Sitges y la Quincena de Realizadores de Cannes, Cameo acaba de editar un dvd recopilando toda su obra bajo el título Echos Der Buchrüken. Pocas modificaciones hay entre las preguntas planteadas hace un año y las respondidas hace tan sólo unos días, el lector tendría entonces derecho a quejarse de los temas que no se tratan o de lo poco profundo de los que sí se presentan, pero considero más oportuno que la entrevista se mueva en estos términos, más inocentes y pretéritos, quizás como ejemplo de determinismo. Quien sabe donde estaremos nosotros dentro de un año…

– Antes de nada, creo que es conveniente presentarse. Nosotros ya nos conocemos, pero probablemente hay mucha gente que se pregunte quien es César Velasco y porqué cree este que sus respuestas a esta entrevista pueden interesarle.

César Velasco es un chaval que conocí pero que no se conocía. Poco queda de él. Nada de lo que yo pueda decir le interesará a nadie y mucho menos a él.

– Cuando me enfrenté por primera vez a su obra fue con el visionado de Kinky Hoodo Voodoo (2004). Tengo que reconocer que las primeras referencias que cruzaron mi mente fueron algo a medio camino entre Luis Buñuel y Cory McAbee. Conozco lo difícil que sería responder a una pregunta sobre sus influencias, por ello, creo que es más fácil responder con que directores o películas cree que resultaría más fácil relacionar su obra.

Bresson es probablemente el director que de manera consciente más me haya influido. Los planos que por problemas de producción, más rápido tuve que rodar, fueron salvados gracias a una pequeña reflexión mía sobre un gran recuerdo suyo.

– Es bien conocida su afición al escritor norteamericano Philip Kindred Dick. Con él parece compartir la lucha de los seres humanos ordinarios contra los designios de entidades que escapan a su entendimiento.

Efectivamente. Además guardo un especial cariño por el Gnosticismo Valentiniano.

– ¿Qué fue Pasaje al planeta clandestino?

Un aventura riojana en forma de fanzine de cómic. Llegamos a editar más de 7 números pero nunca pasamos de la numeración 2. Allí coincidimos Kb, Alberto Bueno, elreydespaña, Mauro Entrialgo, Miguel A. Martín. Representó para mí una de mis mejores épocas, aunque no lo echo de menos.

– ¿Cómo y de que manera empieza su andadura por el mundo de la producción musical electrónica y la creación del sello Batan Bruits?

A raiz de una exposición universitaria por parte de mi diseñador de sonido, Roberto Fernández, y mi gran camarada Manuel Sánchez Muñoz, me interesé por el sonido electrónico y sintético, sobre todo por Kraftwerk. De ahí salté a Esplendor Geométrico. Y desde esa perspectiva industrial, caí en Ivan Pavlov aka Coh. Allá por el 2002 me zambuí en la electrónica minimalista post digital de la escuela Raster-Noton. Por esa época conozco, por intermediación de Miguel A. Martín, al cartero de mi barrio y pionero de música electrónica española Miguel A. Ruiz aka Orfeon Gagarin. Cuando escuché las antiguas bobinas y casetes de Ruiz, supe inmediatamente que había que reeditar todo ese material. Con ese propósito fundamos Batan Bruits. Y ahí seguimos.

– Háblenos de Ensoñaciones de un chico de provincias, cortometraje de escuela que, tengo entendido, protagonizó.

Le dí rienda suelta a mis fantasías fetichistas. Nos marcamos un vídeo erótico en medio de un bosquecillo del Campus de la Complutense en el que lamía los pies de mi amiga y productora Deneb Martos, y era pisoteada por mi diseñadora de producción Beatriz Navas Valdés. Cormac, mi socio y productor, también salía al final del video. Recuerdo que nos puntuaron con un 8, y eso que no habíamos hecho balance de blanco y teníamos una dominante azul tan acusada que parecía una noche americana. Gracias a eso coló.

La Costra Láctea obtuvo el honor de ser clasificado como el cortometraje más raro emitido en el programa Versión Española. ¿Cómo se sale de semejante apuro?

Con Tranxilium. Se puede ver en la grabación del programa.

– Se puede argumentar que existe una nueva corriente de cortometrajistas que, próximos a un mismo grado de correlación, van poco a poco haciéndose notar y proponiendo un enfoque distinto a la cinematografía nacional. Pero… ¿realmente se puede hablar de una generación?

Vendría a ser la generación del 77. Hablaré de aquellos que me quedan más cercanos: Nacho Vigalondo, Eugenio Mira, Alberto González y Borja Cobeaga. No son los únicos, pero al menos puedo decir que he visto a dos de ellos desnudos y que he dormido en la cama de todos y con todos. Yo me incluyo en esta generación de la que soy, por otra parte, el más joven.

Me gusta siempre hacer comparaciones entre estos directores, jugar con sus diferencias.

Siempre digo que Eugenio es el más inteligente. Es muy rápido, muy hábil con el escudo, se escabulle detrás de tus orejas, y todavía no le has visto los ojos. Pero está loco, probablemente irrecuperable. Si hay alguien que anda a dos palmos del suelo es él. Una especie de Quijote sin escudero. Y su cine es exactamente igual. Completamente impenetrable y monstruosamente hiperreferencial. Grandes cantidades de fosas y murallas, si bien grandes y bellas. Sin embargo, cuando juega la baza del video doméstico, atraviesa multitud de líneas sin detenerse en ningún punto. Monta directamente mientras graba y edita el sonido también en tiempo real. El resultado es sorprendente. Diría que son absolutas obras de arte, unos vídeos de gran fuerza trasmutadora. Por desgracia, él apenas le da importancia a estas piezas suyas, y las difunde entre amigos como meros registros lumierenses. Espero que en un futuro podamos disfrutar de una selección de estos videos suyos en alguna hermosa edición.

Nacho se desliza entre todos los tejidos de la comunicación. Su hiperactividad le hace muy prolífico y resulta del todo imposible poderle seguir la pista. Su interés por los media no es meramente especulativo. Existe en él una profunda reflexión de las herramientas propias de cada una de estas expresiones, muchas de ellas jóvenes e incluso todavía sin nacer. Como es cántabro se mete directamente por el coño de las instituciones que ostentan estos medios, y que ni siquiera saben que están embarazadas, y si lo saben, desde luego desconocen la identidad del padre, ni a qué especie pertenece. Y ahí está Nacho dándole con el cincel a ese embrión. Y cada nacimiento es celebrado por todos nosotros. Puede parecer que trabajo con metáforas pero no es así. Todo lo que digo debe tomarse de manera absolutamente literal. Si hay un experimentador en esta generación es él. Siempre se ha dicho que yo soy el raro, el del cine experimental, pero no es así. Código 7, El Club de la Eta, Cambiar el Mundo, 7:35 de la mañana… son punto y aparte en la historia del audiovisual español. Por otra parte, siendo como es él uno de lo más grandes, también es el más miedoso. Vive demasiado pendiente de la respuesta del publico, sufre cada vez que muestra un nuevo trabajo. Quizá pueda llegar a estar obsesionado por el éxito. No creo que esto sea beneficioso para su obra, pero en cualquier caso, ha demostrado salvar en muchísimas ocasiones esta pequeña falta, este pequeño temblor en su voz. Sin lugar a dudas, el audiovisual internacional acabará asumiendo una gran deuda con él.

De Alberto González, poco puedo decir. Es sencillamente un genio. Y un vago también. Nacho me comentó en una ocasión que si tuviese que elegir entre Alberto González o un pack de 10 DVDs con más de 20 horas de trabajos producidos por el propio Alberto, sin dudar le metería un tiro en la cabeza y se llevaría el pack a casa.

Pero lo mejor de todo esto es que Alberto es la MEJOR persona con la que puedes compartir tu tiempo. Su obra no es sólo tan sólo reflejo de lo peor de su alma, también lo es de lo mejor del alma española.

El bueno de Borja Cobeaga nos aguanta al resto del nosotros. Es el más clásico. Muy lúcido en las reglas y con un gran entrenamiento profesional. Una especie de Carlos Saura con dolor de cabeza y pelo erótico. Esto es, Berlanguiano sin una pierna.

Lo que nos une y lo que permite la nomenclatura de generación es la multitud de cruces en el espacio-karaoke y en el tiempo-canción. La reflexión física de cada uno de nosotros hacia el resto. Y por último, el amor hacia una misma mujer.

– Háblenos de Noches Transarmónicas, su largamente acariciado proyecto de largometraje, que parte de un guión de Nacho Vigalondo, en principio, con lo que parece ser una mezcla de Las noches blancas de San Petersburgo de Dostoievski y A vuestros cuerpos dispersos de Philip J. Farmer.

Será una coproduccion hispanobrasileira rodada entre La Rioja y Brasilia. Se están cerrando todos los tratos todavía, así que el futuro todavía le es bastante incierto. En cualquier caso rodaremos un Teaser de 4 minutos en Enero, para poder llegar a Cannes con él. Parece más inminente el rodaje de la serie de TV las Aventuras Galácticas de Jaime de funes y Arancha. Quizá dentro de un mes y medio pueda decir algo.

-No sorprende que un cine tan particular como el suyo se haya visto enfrentado ocasionalmente ante la incompresión de muchos. Empezando por cierta historia suya que tiene que ver con La cóstra láctea (2002) y la amenaza de cortarse un pulgar, o la reciente segunda exclusión del catálogo Kimuak del que se ha hecho eco en su web. ¿Cómo ve esta clase de, digamos, incidentes?

Lo contemplo más como accidentes. Cuando se trabaja en la remodelación de ciertos imaginarios ya ineficaces, también se enfrenta uno a todas sus consecuencias nefastas. El símbolo es una de las grandes tragedias humanas. El imperio nunca tuvo fin.