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Sobre el nuevo Prisionero

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Los remakes de cualquier tipo suelen tener mala fama; sobre todo, bajo el punto de vista de quién considera el original algo irrepetible y ligado a su contexto. Este prejuicio tiene parte de razón, pero sigue siendo un prejuicio y la prueba de que un nuevo punto de vista sobre la misma historia puede resultar tanto o más interesante que la obra original. Sin embargo, hay un punto que rara vez se aborda a la hora de hablar de remakes y es la distancia entre la obra original y la nueva versión, dos puntos que permiten trazar una línea, un objeto gráfico que nos habla de la representación de nuestro tiempo entre los cambios acontecidos para que exista esa distancia entre un punto y otro. La nueva versión de El prisionero es muy disfrutable, pero plantea ciertas preguntas con respecto a aquello que la diferencia de la original. Quizás el punto, a mi parecer, más conflictivo es aquél en el que encontramos que allí donde El prisionero original carecía de identidad, motivo o justificación alguna, aquí el mayor peso viene en descubrir esos puntos; o en como es necesario que tengan que trazan tan obviamente la atmósfera surreal con su origen, explicitando el porqué de una estética. Todo esto es innecesario pero pone de manifiesto la muy temerosa actitud de sus responsables ante un posible rechazo del público. Que haya sido despechada con tanta celeridad es otra prueba de ello. Y es que la nueva exigencia del espectador no es sólo el suspense o la sorpresa, si no también las respuestas: el nuevo espectador es ahora el nuevo Número 2, solicitando “información”. Hemos perdido la actitud ácrata del Número 6, capaz de una revolución surrealista y bohemia en su última aparición. Así, la nueva encarnación de El prisionero es un muy interesante relato de ciencia ficción, pero que prefiere centrarse en las pequeñas propuestas de contenido que en la forma. Y entre un punto y otro, esto es lo que hemos perdido.

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Cineuropa 2009 (IV): Help!

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El infravalorado Richard Lester, un indomable desconocido para la mayoría del público, puso en su díptico con los Beatles, el punto de enlace entre el scopitone y los videoclips. Help! es la segunda colaboración con los cuatro de Liverpool y un ejemplo de cine instantáneo en respuesta al éxito mundial del grupo, estrenada tan sólo un año después de A hard day’s night y rodada con más dinero pero con condiciones igual de precarias y caóticas. De ella se extrae un contenido menos documental y más pulp, jugando abiertamente con su condición de ficción exploit, pulverizando los mecanismos de la saga Bond (en ese punto en el que confluyen Mortadelo y Filemón y El prisionero) y su exótica rebuscada y abriéndose paso entre el slapstick más cazurro, la flema británica y el cine fantástico y de ciencia ficción más modesto. Se trata de un ejercicio tan libérrimo como la imagen pública de los propios Beatles, un envidiable entretenimiento, fruto de la improvisación y la capacidad de Lester para extraer el potencial de los actores, la puesta en escena y un, pese a todo, meticuloso montaje que le da ese característico y disfrutable ritmo a la vez que resuelve las evidentes deficiencias del rodaje y las calamitosas elipsis de su trama. Es por ello un delicioso material de derribo a su propia y asumida condición, a las instituciones británicas, a perpetuar y a la vez romper estereotipos de estos famosos músicos, y a, directamente, divertir con sus ingeniosos diálogos y su disparatada puesta en escena.

Be seeing you

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Me entero de que se ha muerto Patrick Mcgoohan y descubro, para mi sorpresa, que me afecta más de lo que me esperaba. Conocí tarde la serie El prisionero, sin duda su gran aportación en vida, y poco puedo decir yo que no se haya dicho ya, aunque seguro que Dr.Zito les puede hablar con más sapiencia de uno de los hitos de la televisión mundial. Enterarse de esta muerte y presenciar las primeras imágenes de la nueva versión de la popular serie de ciencia ficción es un doble golpe: no sólo por la desconfianza general a lo que posiblemente sea una versión light y comodona de la distopía más colorista de la ficción, si no el darse cuenta de que en el transcurrir de la evolución de la ficción televisiva, el papel de El prisionero es insustituible. Vivimos tiempos muy positivos en cuanto a series de televisión, pero por alguna razón no parece que vaya a durar mucho. Si la omnipresente crisis no fuese la excusa perfecta para todo (y en televisión no iba a ser menos) parece que las nuevos estrenos no están cuajando como la gran racha de éxitos que los preceden.

 El espectador de televisión es minusvalorado con frecuencia porque no se considera su hobby algo verdaderamente serio. La televisión es “la caja tonta”, ese simple entretenimiento de las clases bajas que se pone una vez se llega del trabajo, esperando ver algo que no haga pensar demasiado. Sin embargo, cuando la televisión no arriesga las audiencias terminan por bajar, asi que empieza un movimiento balanceado: de etapas conservadoras con comedias costumbristas y dramas prefabricados pasamos a ficciones elaboradas y mezcla de géneros buscando una nueva audiencia; cuando estas novedades se vuelven excesivas y caras para los resultados, llegan las vacas flacas y de nuevo la etapa conservadora, ad eternum. El prisionero fue una estrella en el cielo que aún ahora proyecta luz y da vida a muchas series de emisión actual, no sólo a su venidero remake; cabría preguntarse si alguna de las series actuales tendrá esa repercusión en un futuro, si sobrevivirán a su éxito.