Tag Archive | cine británico

Breves desde Sitges 2014

sitges2014

Nueva edición del festival supone, una vez más, un repaso breve a las películas que he podido ver. Este año he tenido la sensación de que la incompatibilidad de horarios y la dificultad para conseguir entradas me ha hecho perder no sólo algunas de las películas de las que hablaremos en el futuro, sino también muchas otras de mi interés que no tendrán la suerte de ser recuperadas con tanta facilidad. Por lo tanto, se cumple el tópico de que no están todas las que fueron, pero son todas las que están. Que no son pocas.

adieuaulangage3D

Adieu au langage 3D (Jean-Luc Godard)

El nuevo ensayo de Godard recupera muchos de sus tics característicos, pero los complementa con ciertas posibilidades del formato 3D: sus intertítulos saltan la pantalla, y la mayoría de los planos dan dolor de cabeza por una estereoscopía deficiente. Esto último es parte de la broma de una película donde el sonido colapsa con frecuencia, la música se detiene y vuelve con efectos cómicos, donde la imagen se distorsiona y se plantea en términos de mayor agresividad de los que acostumbra y donde el suizo se divierte haciendo mucho con muy poco esfuerzo.

buryingtheex

Burying the Ex (Joe Dante)

No sé si por cierta admiración hacia el director de Gremlins, podía esperar de Burying the Ex algo más de lo aquí otorga. La historia presenta a un prototipo clásico de espectador de Sitges – un coleccionista y amante del terror clásico – atrapado en una relación con su (glups) ¡ecologista! y muy bella novia. Cuando la susodicha fallece, ahí está otra chica, tan guapa y encantadora como la anterior pero menos preocupada por el medio ambiente y más por oscuras marcas de cereales basadas en monstruos clásicos, Joey Ramone y Val Lewton. ¿Para qué asumir que una relación es encontrar espacios de convivencia cuando una chica con tus mismos gustos no te exigirá lo más mínimo? Más pendiente de generar complicidad a lo Kevin Smith que de trazar alternativas como Edgar Wright (y en ese sentido, el personaje del hermanastro es definitorio), al menos tiene algunos momentos inspirados en la dirección pese a su escasísimo presupuesto.

Dinosaurios

Dinosaurios (Joaquim Baceló, Amanda Gómez)

Ingenioso cortometraje con introducción a cargo de J.G. Ballard, lo que planta la semilla para mostrar la belleza de un mundo abandonado, en el que los humanos han dejado de existir. El retrato de esos espacios es acompañado de una profusa voz en off, de inspiración poética, al modo de la introducción de El año pasado en Marienbad (Alain Resnais, 1961). Lo cierto es que consigue presentar su atmósfera y utilizar bien sus cartas al ceñirse a mostrarnos ruinas de nuestro mundo desde una perspectiva ajena, con la fascinación por como esos lugares son devorados por el tiempo y la naturaleza, pero permanecen en espíritu.

dioslocal

Dios local (Gustavo Hernández)

Nueva incursión del director de La casa muda, esta vez partiendo de un trío musical de viaje al interior de una cueva con motivo del rodaje de un videoclip. Tres historias que cruzan entre ellas para ser contadas tanto de forma independiente como para crear una simultaneidad de los acontecimientos. La propuesta busca generar misterio en aquellos elementos que solo son comprensibles una vez conocidas las tres historias al completo, pero también hace un más confuso uso del flashback que, como en la película que le antecedía, pretende sorprender a base de ocultar una información que el espectador siempre desconoce y no puede intuir porque le ha sido escatimada. Pese a ello, algunos elementos atmosféricos funcionan bastante bien y no pretende ser más de lo que uno espera.

Faults

Faults (Riley Stearns)

Partiendo de una gran premisa – el proceso de desprogramación de un miembro de una secta por parte de un experto en horas bajas – Stearns realiza una pequeña pieza en torno a una habitación de motel donde los espacios (baño, puerta contigua, etc) determinan las distintas jerarquías entre personajes. Apoyado principalmente en el diálogo y las interpretaciones, no escatima en recursos visuales para apoyar su texto y trazar un juego de dominación, deseo y esperanzas a través de las triquiñuelas que desprogramador y sectaria ejecutan el uno sobre el otro. Pese a que a es fácil intuir, como aficionado al género, el rumbo que va a llevar, este se precipita en su tercer acto rompiendo la forma orgánica en la que los personajes se relacionan y apresurándose en llegar a su inevitable conclusión con menos convencimiento del esperado, pero también mostrando a un autor prometedor.

filth

Filth (Jon S. Baird)

Partiendo de la novela de Irvine Welsh, este retrato de una Escocia corrupta y que esconde sus vergüenzas es representado por un carismático James McAvoy divirtiéndose como nunca. Todo el abanico de excesos desplegados recuerda inevitablemente a Trainspotting (Danny Boyle, 1996), así como en su discurso sobre la (imposibilidad de) redención. La película navega por distintas subtramas para ofrecernos una muestra del desenfreno de su protagonista, pero a veces parece caer presa del mismo y, en su lisergia y humor negro, acaba por no encontrar el camino de vuelta a la narración, con lo que apresura giros y pretensiones para justificar su moraleja. Orgullosa de su propia liviandad y su halo de caricatura, se mantiene como una película entretenida pero con menos que decir de lo que el tono le permite.

fishandcat

Fish & Cat (Shahram Mokri)

Esta película iraní presentada en Venecia busca una excusa de género para hablar de un caso real de un restaurante que supuestamente servía carne humana. Anunciando este caso en su introducción – en cierta tradición al estilo La Matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974) – todo el suspense nace de esa anticipación y la promesa de verlo cumplido cuando un grupo de universitarios de Teherán acampan cerca del restaurante. A través de un extensísimo plano secuencia vamos intercambiando personajes en una coreografía que, como cinta de Möebius, es continua pero intersecciona entre sí, partiendo de déjà vus, fantasmas y presuntos psíquicos. Este juego con el tiempo retrasa constantemente el tan anunciado clímax, navegando entre las conversaciones triviales o las nada veladas relaciones entre la juventud iraní y la “libertad” de las redes sociales. Es, por supuesto, una película sobre el edaísmo que nos escatima la sangre para enunciar la violencia de viva voz, como el trámite necesario para mostrar la trascendencia de cierta atmósfera.

hardtobeagod

Hard to be a God (Aleksei German)

Una película con más de una década en producción debería reflejar parte de ese enloquecido proceso y este caso no defrauda. Basándose en el relato de los hermanos Strugatski – autores también de Picnic junto al camino, que inspiraría Stalker (Andrei Tarkovski, 1979) – que ya había contado con otra versión más convencional a cargo de Peter Fleischmann y con Werner Herzog o Jean-Claude Carrière en sus créditos. Toda ella es un auténtico viaje por texturas y olores cinematográficos, un repertorio de sensaciones y un desfile de imágenes brillantes a cargo de un excelente trabajo de steadycam y puesta en escena que va desvelando cada nuevo encuadre con el impacto de quien descubre una ilusión óptica. Para mayor profundidad y fisicidad de las imágenes, recurre con poca mesura a personajes mirando directamente a cámara u objetos y animales cruzando el cuadro en primer término, en ocasiones más de una docena de veces por escena. Este recurso me recuerda poderosamente a Marketa Lazarová (Frantisek Vlácil, 1967) u On the Silver Globe (Andrzej Zulawski, 1987) con las que la película guarda una atmósfera común. Todo ello se hace imprescindible de ver aún cuando resulta fatigoso seguir el embrollado hilo narrativo para quien no conozca la (por otra parte, muy recomendable) novela original.

honeymoon

Honeymoon (Leigh Janiak)

Obra debut que se enclava en una tradición de películas en las que los conflictos de pareja adquieren una dimensión de fantasía. Parte del atractivo de la cinta está en las pesquisas de su protagonista por desentrañar el extraño comportamiento de su mujer e integrarse en su casa del lago. Algunos de los pulsos presentes – miedo al embarazo, sospechas de infidelidad, etc – trazan la difícil conversión de roles, pero las diversas variaciones de tono y la sospecha de que su trama fantástica solo funciona como espoleta de los conflictos maritales, no me termina de convencer. Su mejor faceta es el aprovechamiento de los recursos en favor de Rose Leslie, que afronta su evolución como personaje de un modo más paulatino y llega a crear un personaje más complejo de lo que, en realidad, la historia busca mostrar.

howilivenow

How I live now (Kevin MacDonald)

Historia de adolescente norteamericana que, en el despertar de una Tercera Guerra Mundial, marcha a vivir con sus primos a la campiña inglesa. Aunque presentada como la clásica adaptación young adult de telón distópico, se aleja de este tipo de sagas al centrar la atención en la visión parcial del conflicto: una guerra lejana que solo se atisba y se acompaña con el brío de un buen diseño de sonido. La película funciona mejor en cuanto esa amenaza se mantiene como espada de Damocles y no como herramienta para hacer mover la acción con cierta brusquedad. Aún con lo fallida que pueda resultar, mantiene una cierta sensibilidad presentando a sus personajes.

isthemanwhoistallhappy

Is the man who is tall happy? (Michel Gondry)

Parte de lo que hace tan atractivo este documental, más allá de mi interés por el método creativo en un director tan mudable como Gondry, está en el proceso en sí: no se trata tan solo de hablar con Noam Chomsky sobre el lenguaje, sino explorar la capacidad del propio documental para transmitir ese mensaje del modo más correcto posible. Gondry admite su derrota desde el mismo prólogo y acepta que la única forma de ser justo con el espectador es borrar cualquier atisbo de falsa objetividad. Para ello utiliza bucles de animación sobre las entrevistas para ilustrarlas, hace acotaciones de su estado emocional y su día a día mientras termina de montarlo y reconoce muchos de sus propios problemas para completar la película, como su dificultad para hacerse entender en inglés o el miedo a que Chomsky, ay, fallezca antes de ver la película terminada. Toda la inseguridad que rodea el proyecto, paradójicamente, genera mayor confianza en la honestidad casi infantil de Gondry al abordarlo.

ItFollows

It Follows (David Robert Mitchell)

Partiendo de la imagen de la figura al fondo para crear tensión, en un método que recuerda a Halloween (John Carpenter, 1978) y que ha sido adoptado, por ejemplo, por Rob Zombie en su reciente The Lords of Salem (2012), es, sin duda, mi película favorita de cuantas he podido ver en esta edición. Primero, por presentar con inteligencia el tema del sexo en la adolescencia y de adaptarlo a las leyendas urbanas en una tradición que puede recordar a los fantasmas del cine de Kiyoshi Kurasawa o a los relatos de Junji Ito, pero prescindiendo de las partes más escabrosas. La indefensión de este mundo donde apenas intuimos adultos se refuerza en la necesidad de crear un círculo de confianza ante la amenaza, algo que me llevó a preguntarme cuanto de coacción hay en las decisiones de su protagonista y si en el fondo no está, en su sencillez como relato, abriendo espacio para abordar temas más complejos. Quizás no estoy aún preparado para juzgarla con rigor y necesitaría volver a verla.

lastdaysonmars

The Last Days on Mars (Ruairi Robinson)

Película de bajo presupuesto con un reparto bastante sólido y bastante interés en su desarrollo dramático, que, sin embargo, cae presa de los convencionalismos del género zombie, aquí combinado con las dificultades de la vida en el espacio. La estructura previsible y la falta de originalidad en su premisa y desarrollo dan al traste algunos de los logros atmosféricos pretendidos. Cabe preguntarse si una película con un presupuesto humilde no debería aprovechar para poner toda la carne en el asador en lugar de asirse a fórmulas que cualquier aficionado al género prevee sin dificultad.

lawless

Lawless (John Hillcoat)

No conseguí entrar en la propuesta de Hillcoat, la historia real de tres hermanos que venden licor ilegal en su gasolinera, durante la Ley Seca. Si bien el reparto y la premisa son motivo de sobra para crear buenas esperanzas, la película parece tener ciertos problemas de ritmo o algunas dificultades para hacer fluir su relato de un modo más natural. Se suceden entradas y salidas de personajes y breves lapsos de impacto y violencia, pero me resulta complicado no verlo más como una puesta en escena de los hechos – con sus inevitables concesiones dramáticas – que como una historia con su propia fuerza. Me he sentido algo desconectado, pensando a menudo (e injustamente) en Boardwalk Empire y como hubiesen solucionado un escenario similar.

nonfictiondiary

Non Fiction Diary (Jung Yoon-suk)

Un documental muy oportuno para ver en estos momentos y donde es inevitable sacar paralelismos con nuestro propio país. La historia del clan Jijon y de sus atentados en nombre de “matar a los ricos” no se queda solo en el retrato oficial, sino que se muestra en paralelo con la actitud de la justicia buscando responsables al derrumbamiento de un centro comercial y el juicio por dos intentos de golpe de estado. Aunque de factura muy convencional – entrevistas acompañando al material de archivo – el contenido estremece tanto por lo escabroso del asunto como la impunidad y la falta de sensación de justicia que muestra, a su vez, ser una parábola de la transformación de Corea del Sur desde la dictadura militar hasta potencia del capitalismo. En sus últimos momentos, la mirada se torna hacia la pena de muerte y la necesidad de encontrar otras formas de hacer justicia.

overyourdeadbody

Over your dead body (Takashi Miike)

A estas alturas es complicado que Miike nos pille con la guardia baja: es lógico que su cine es juguetón y desprejuiciado, pero también cargado de tabúes y tensiones que no lo hacen accesible para todo el mundo. En su prolija filmografía nos hemos enfrentado a casi todo, y ahora, haciendo su propia versión del cuento tradicional Yotsuya Kaidan, resulta más sencillo aprehender sus intenciones: por un lado, los imposibles ensayos de una obra de teatro basada en el cuento, donde el decorado, los escenarios, los efectos especiales y la puesta en escena desafían los medios físicos de una representación convencional. Por otra parte, la vida privada de los amantes protagonistas, también amantes en la intimidad, y la necesidad de un compromiso y una fidelidad representada en el fantasma de un hijo no-nato que lleva al límite a la mujer. Ese doble juego aboga por una representación tradicional del relato y otra reinterpretación que marca las tintas en ese papel femenino y los motivos de su venganza.

r100

R100 (Hitoshi Matsumoto)

Las películas de Matsumoto juegan, con frecuencia, entre varias realidades: una que recrea un dolor por sus personajes, condenados a vidas grises y mediocres, y otra de auténtico surrealismo. Cuando esos mundos interactúan – de un modo explícito en Symbol (2009) – se va desentrañando el verdadero discurso presente en su obra. Hay, sobre todo, esa necesidad de escapar de la rutina y de aventurarse a los márgenes de la sociedad, pero también una trama metalingüistica que habla sobre el placer: tanto el protagonista que se involucra en un club sadomasoquista como el director centenario que ha armado esta historia, encuentran placer en aquello que se sale de lo convencional y parecen estar pidiendo, en ambos casos, comprensión. Una aceptación de unos gustos alejados de lo que se considera correcto pero que son parte atávica de ellos y a la que no están dispuestos a renunciar. Matsumoto narra la transición de víctima a sádico, una “oda a la alegría” que parece admitir lo mucho que disfruta siendo la figura dominante que maneja y “tortura” al espectador a su antojo, en busca de una catarsis. Un discurso con el que creo que Luis Buñuel habría estado de acuerdo.

relatossalvajes

Relatos salvajes (Damián Szifron)

Con bastante expectación, Relatos salvajes se ha ido convirtiendo en una de las películas argentinas del año. Lo cierto es que estas cinco historias, cargadas de frustración y con ninguna necesidad de ser sutiles, son de lo más interesantes. Capaces de combinar momentos graciosos con arrebatos (moderados, eso sí) de violencia y angustia, es fácil proyectarse en esos personajes hartos de un sistema que les traiciona y que deciden tomar sus propias riendas. No es, realmente, tan “salvaje” como su título apunta, pero se lleva con buen (y macabro) humor y, al no pretender ser en nada realista, se convierten en breves historias de tebeo cumpliendo su función social, al estilo EC Cómics. Cabe destacar la banda sonora a cargo de Gustavo Santaolalla que es uno de los grandes aciertos que hacen a esta película más memorable.

therover

The Rover (David Michôd)

Aunque me temo que se recibió con bastante frialdad, esta historia post-debacle económica que podría perfectamente no serlo, tiene muchas cosas que me llaman poderosamente la atención. En primer lugar, un Guy Pearce al que solo he podido definir como “Mad Max en pantalón corto” y una de esas historias susurrada y dura que crece gracias a la dirección y el tono que se genera a su alrededor más que al contenido de la misma, apenas una anécdota. Con menos sorpresas de lo que cabría suponer, la película está más preocupada de ser una experiencia que de ser original o profundizar en este relato de hermandades y fidelidades. Recorre la película una falta de esperanza, un limbo donde los condenados esperan su castigo y carecen de rumbo o metas y donde, precisamente, esa nimia historia se torna épica porque es lo único a lo que los propios personajes pueden agarrarse en tiempos desesperados, donde cada uno vaga solo y cava las tumbas de otros.

thesignal

The Signal (William Eubank)

Este uno de esos casos donde en una película parecen convivir varias: por un lado, una historia sobre una pareja a punto de separarse cuando ella cambia de universidad. Por otro, un relato de abducciones que aquellos que conozcan bien La Dimensión Desconocida reconocerán con anticipación. Y antes de su conclusión, un clímax heredero de Chronicle (Josh Trank, 2012) que parece navegar sin rumbo hasta que su desenlace vuelve a colocar las piezas en su sitio. No es que la película no funcione en sus primeros dos tercios, pero todos los logros allí formulados están únicamente sujetos a ese colofón que funciona de manera independiente, dejando en el aire todo lo construido sobre las relaciones de los personajes, ciñéndose a las metas personales de su protagonista y obviando su entorno. Hay ganas y garra, pero también un devenir errático que no hace de la película un producto tan coherente como en un principio indica.

Sorcerer

Sorcerer (William Friedkin)

El festival de Sitges, en colaboración con Phenomena, recuperó este clásico de los setenta, una de las tantas películas desquiciadas que el ego de sus autores nos regaló por aquel entonces. Tomando el modelo de la magistral El salario del miedo (Henri Georges Clouzot, 1953), Friedkin expande las denuncias colonialistas y del trabajo pesado al hálito místico de la selva, donde traza destinos y maldiciones nunca enunciados. Poco a poco el viaje se va transformando en una penitencia a la espera de redención, no tanto de una lucha del hombre contra la naturaleza como una visión de la ayahuasca (en quechua: “soga del muerto”) que hace que su “carga maldita” no sea refiera tanto a la nitroglicerina en los camiones como a la que los personajes, en sus extensos recorridos antes de encontrarse en la selva, han traído consigo desde distintas partes del globo.

thatdemonwithin

That Demon Within (Dante Lam)

El hongkonés Dante Lam vuelve sobre sus pasos en otra historia policíaca en torno a la conciencia y a la capacidad de redención. En este caso, un policía que salva, sin saberlo, a un peligroso jefe de bandas se ve atormentado por el fantasma de este. La película mantiene la tensión y energía que son marca de la casa en su director, pero apuesta por una desestructuración del relato que omite información al espectador buscando el mayor impacto posible, algo que no beneficia a un relato que, en mi opinión, hubiese funcionado de igual modo con todas las cartas sobre la mesa y el insondable pesar de su protagonista.

undertheskin

Under the skin (Jonathan Glazer)

Tan hipnótica en su planteamiento formal como derivativa, la última película de Glazer examina la definición social de lo femenino desde la perspectiva alienigena de su protagonista, tratando de cumplir su misterioso cometido mientras anhela en secreto integrarse en su género. Cargada de momentos inquietantes pero con algunas secuencias un tanto fallidas que hacen anhelar un montaje alternativo, uno que contemple todo lo que se nos escamotea en cámara oculta. Trazada como una historia de depredación y seducción, pronto la incomodidad y el aislamiento se apoderan de la historia para, precisamente, perder esa distancia con su protagonista en su periplo por encontrar algo de humanidad.

Wetlands

Wetlands (David F. Wnendt)

Escatológica obra que hace de la higiene femenina – algo que por algún motivo sigue siendo un tabú – la excusa para trazar un personaje orgulloso de explorar su cuerpo y sus deseos aún a costa de su salud. Todo ello no deja de tener su envoltorio edulcorado y la premisa de la búsqueda de un amor en forma del enfermero que cuida de la chica tras una fisura anal. En cualquier caso, un desafío a unas figuras paternas que conforman la mediocridad de una clase media que tapa sus vergüenzas bajo la alfombra. Un reto hacia esa resignación y las innumerables decepciones que conlleva: el deseo de no estar sola, la presión para formar una familia, la intromisión de la religión o las ideas preconcevidas respecto al sexo. La película acaba trazando una idea de la intimidad en torno a la falta de prejuicios con la higiene que resulta una idea muy divertida y, si bien es menos provocadora de lo que aparenta, consigue crear esporádicas sensaciones de náusea que imagino serían del gusto de Cronenberg moderno.

whenanimalsdream

When animals dream (Jonas Alexander Arby)

 Cinta danesa que mantiene su mayor fuerza y personalidad mientras acepta ser un retrato social y con los pies en la tierra. La joven protagonista que debe asumir un empleo limpiando pescado para poder sostener a su padre y su madre enferma, se ve acosada y vejada por sus compañeros de trabajo. Pronto empieza a desarrollar síntomas de la misma enfermedad que su madre y se hace patente que el pueblo ha llegado a un pacto con su padre por mantener bajo control a madre e hija. Es a partir de entonces cuando la película decide abandonar esas sutilezas y tomar un camino más ordinario, con una posterior matanza que no llega a ser todo lo perturbadora que se propone.

Maquinaria engrasada

Brazil_1985_Terry_Gilliam

Tendemos a hablar demasiado del cine en términos industriales, a veces tan preocupados de la cifra de taquilla del primer fin de semana que olvidamos que las películas suelen tener más fuentes de distribución y de beneficios, o que muchas de las películas que hoy nos parecen incontestables incumplieron esas mismas perspectivas comerciales a las que parece que supeditemos todo. Si hay que hablar de “economía” en cine, deberíamos tomar la visión de Thoreau al respecto, partir de que lo estrictamente necesario es suficiente y de que solo es más libre el que menos recursos precisa de consumir.

Un ejemplo de película con problemas económicos [1] es Brazil (Terry Gilliam, 1985). Un circo de tres pistas, adaptación nada disimulada de 1984, película de detectives y sobredosis de simbolismo, complejo de Edipo incluido. Sin embargo, aunque la estética de la película sobrecoge demasiado en un primer visionado para atrapar todos los detalles, es una película de un ritmo y un constante bombardeo de ideas narrativas nada sencillas. Muchos detalles y gags pasan de largo, pero sobre todo dedica gran parte de su metraje a presentarnos un mundo, lleno de elementos, personajes y cachivaches, que juegan un papel sustancial en la montaña rusa emocional del último tercio de película.

Pongamos un ejemplo de como Gilliam aprovecha sus recursos: Sam Lowry se encamina a una fiesta de alta sociedad para encontrarse con su madre. El plano, muy propio del cine negro, muestra este cenital del hueco de una escaleras vertiginosas, una espiral. En la planta baja, la puerta se abre de forma ominosa y la luz irrumpe.

vlcsnap-2014-08-10-17h57m09s98

No tarda en entrar caminando una figura, sombrero Trilby y abrigo largo, cuya sombra se proyecta afilada como la manecilla de un reloj. La cámara parece seguir su entrada y panea verticalmente…

vlcsnap-2014-08-10-17h57m24s243

…pero con tal rapidez que la figura que llama nuestra atención se queda fuera del plano. En su lugar, nuestra atención se centra en esta otra figura, ya en el piso superior y de idéntico porte. Es Sam, agotado y confuso. No llegamos a saber nada más del primer personaje, pero en un sencillo movimiento hemos descrito la tortuosa subida de escaleras, el infausto  trayecto que obliga a Sam a recurrir a los contactos de su madre y jugar a su juego cuando él sólo busca refugiarse en el anonimato y dejar atrás una sociedad malsana. Sam debe salir de su ratonera para presentarse a esta “clase alta” que, probablemente, jamás ha necesitado subir esas escaleras. Economía narrativa.

vlcsnap-2014-08-10-17h57m31s64

Un detalle que pasa desapercibido. En dicha fiesta Sam se encuentra con la principal figura de autoridad de la película: Mr. Helpmann.  Hay unas cuantas insinuaciones a la estrecha relación de Helpmann con el padre de Sam, Jeremiah Lowry, así como a la, al parecer, aún más estrecha relación con su madre, de la que más tarde vemos que conserva una fotografía en su despacho. Pero lo significativo de este personaje es su minusvalía que le confina a una silla de ruedas. Obviamente, de todos los personajes es el que menos posibilidades tiene de haber tomado esas escaleras.

Brazil_wheelchair

[1] Si ya es interesante que algunas películas terminen culturalmente vinculadas a los documentales de su rodaje  – Apocalypse Now! (1979) /Hearts of Darkness: A Filmmaker’s Apocalypse (1991), Fitzcarraldo (1982) /Burden of Dreams (1982) – el caso de Gilliam es muy especial: aparte de The Battle of Brazil: A Video History (1996), que aquí nos ocupa, tenemos The Hamster Factor and Other Tales of Twelve Monkeys (1996) y, por supuesto, Lost in La Mancha (2002). 

El ocaso de una diosa egipcia

jarmusch_tilda_swinton_only_lovers_left_alive_book

Uno de los elementos que más me llamó la atención de la última película de Jim Jarmusch es como, a través de sus vampíricos personajes, expresa la idea de un arte compartido, de una obra que se filtra tanto un pub de Detroit como en un bar de Tánger y, que según esta ficción, pertenecerían a un mismo autor, lanzando sus semillas al aire, a ver cuales, dónde y cómo prosperan. Esto viene especialmente señalado en el personaje de Christopher Marlowe como genio a la sombra de Shakespeare, o en declaraciones como la de Adam cuando admite que alguien es demasiado talentoso como para ser famoso.

No voy a negar que dentro hay, quizás, una idea un tanto elitista: los ‘genios’ como una sociedad oculta al mundo, olvidados y escurridizos, queriendo huir de un estrato social que denominan “zombies” y que viene a ejemplificar un ansia autodestructiva tanto en la decadencia de la ciudad de Detroit como el personaje Ava, interpretado por Mia Wasikowska. El talento reclusivo, el talento que solo conocen de primera mano unos pocos ‘privilegiados’ que se mantienen rodeados de nostalgia.

Toda esta actitud tiene su compensación en el personaje de Eve, consumidora compulsiva de literatura, mujer vital y alegre frente el ennui de su amado. Su aproximación a la cultura se basa en un grado de intimidad, de disfrute donde el fetiche de guardar decenas de libros en sus maletas alcanza un grado de fetichismo, casi un gesto de extravagancia en tiempos de libros electrónicos. ¿Quién necesita cargar una maleta con ejemplares del tamaño de La broma infinita si no es por una necesidad casi física? Pero al menos ese aprecio por el trabajo ajeno y por la diversidad (de estilos, de épocas, de idiomas) da una imagen más Para Umberto Eco, Adam sería un apocalíptico, experimentando pero molesto ante lo que no represente la Alta Cultura que él mismo personifica*, mientras que Eve sería una tímida integrada.

Lo llamativo del asunto es que si Adam representa al artista influyente, a la figura en las sombras que, como muso, inspira los movimientos que impulsan la cultura, parece notable que Jarmusch vincula estos ciclos a su estado de ánimo. Si nuestra cultura estuviese definida por vampiros en las sombras y fuesen ellos los que decidieran modas y vanguardias, ¿se parecería en algo a la cultura que hoy conocemos?

La hipótesis de Sejmet (o Sekhmet) toma su nombre de la diosa egipcia de la guerra, una cabeza de leona coronada por un disco solar. Sejmet representa una fuerza destructora protovampírica, capaz de arrancar la piel a los hombres y beber su sangre en defensa de su padre y rey, el dios . Dicha teoría fue planteada en 1995, en un libro homónimo, por Iain Spence, tratando de vincular los arquetipos de los movimientos culturales con los once ciclos solares. Spence acabaría admitiendo la ausencia de una base científica para ello, pero eso no significa que le teoría no haya servido para ofrecer interesantes puntos de vista, compartidos por gente como Robert Anton Winston o Grant Morrison.

La idea que subyace en el trabajo de Spence, independientemente de su vinculación con el Sol, es la de cada nueva cultura como reacción a la anterior, así, la oposición al hippie y su mensaje humanista generaría el nihilismo punk. No es difícil ver contraejemplos y entender que entre baby boomers también había actitudes individualistas y no pocos movimientos colectivos y esperanzadores en la Generación X.  La idea de poder predecir la cultura a partir de esta hipótesis es difícil de sostener ya de por sí, pero si además asumimos que esos ciclos ya no se corresponden con la exactitud de las décadas – y basta comparar tendencias entre principios y finales de los 90 -, las tribus urbanas se extienden, mutan y combinan y la cibercultura es un collage en constante reciprocidad, queda entonces totalmente descartada.

Eso no implica que no sea divertido, dentro del juego que ofrece Solo los amantes sobreviven, imaginar las distintas etapas que llevarían a Adam del beatnik, al hippie, al punk o al grunge. Para Jarmusch, estas actitudes no son tanto frutos de los ciclos solares – irónico en su condición vampírica – como de una percepción anímica del mundo: la desesperación ( o ese “hambre” por cultura con la que sacar los colmillos) obliga a tomar acciones, los genios ocultos (Marlowe, Tesla) no quedan con tanta frecuencia en el anonimato (y menos hoy en día), y,  como se sugiere al final, siempre habrá otra generación deseosa de expresarse, de explorar y conocer, por muy larga que sea la noche.

[*] No sólo en esta película, el mito del vampiro tiene una vinculación muy directa con el refinamiento y la nobleza, en otras palabras, con ella Cultura que se considera canónica y unánime y que sirve para diferenciar a la persona erudita de los “zombies”, consumidores que presuntamente solo engullirían una cultura inmediata y perecedera como solución impulsiva. Por seguir con la metáfora, la diferencia entre la sangre de la latente yugular en el cuello de una doncella y la de un charco de una rata aplastada.

Cineuropa 2009 (VIII): In the Loop

intheloop

El pantanoso terreno de las películas sobre el mundo de la política se ha decantado por la conspiración antes que por la estupidez, terreno este último que ha dejado sólo para la sátira, la comedia. La idea de que los responsables políticos que elegimos provoquen algunos de sus gestos más insensatos como parte de un maquiavélico plan que por simple ineptitud nos resulta mucho más tranquilizadora, aún señalándolos como claros villanos, pero, más allá de ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú es dificil encontrar películas que señalen, desde la comedia política, todo el horror que acarrean delegar responsabilidades en incompetentes. In the Loop nos propone un amargo retrato de la estupidez, la  agresividad y el desatino que marcan los enrevesados protocolos políticos y las relaciones internacionales y que crea un muy directo y nada velado paralelismo al apoyo a la Guerra de Irak. Su magnífico guión, plagado de personajes memorables, conduce sin frenos ante una espiral de equivocaciones y puñaladas traperas de la que los personajes jamás llegan a sacar conclusiones, si no a sufrir las consecuencias. Es el espectador el que, por el mero hecho de que la película no contínue, se ve forzado a enfrentarse a la desesperanza de un nuevo planteamiento en  el cine sobre política: que sea la estupidez la que lleve, necesariamente, a parchear los errores con la conspiración como recurso de salvaguarda. In the Loop es un viaje sin retorno, una carrera contra el tiempo, llena de obstáculos, insultos creativos y zancadillas. es su ritmo el principal escollo a salvar por el espectador: un frenético descenso a una complicada, jerárquica y salvaje entelequia política que nunca desciende su tono ni da ningún respiro. El continuo bombardeo de réplicas ingeniosas y situaciones límite resulta extenuante de cualquier modo. Sin embargo, eso no implica que no estemos ante una de las comedias (envenenadas) del año.

Cineuropa 2009 (IV): Help!

helprichardlester

El infravalorado Richard Lester, un indomable desconocido para la mayoría del público, puso en su díptico con los Beatles, el punto de enlace entre el scopitone y los videoclips. Help! es la segunda colaboración con los cuatro de Liverpool y un ejemplo de cine instantáneo en respuesta al éxito mundial del grupo, estrenada tan sólo un año después de A hard day’s night y rodada con más dinero pero con condiciones igual de precarias y caóticas. De ella se extrae un contenido menos documental y más pulp, jugando abiertamente con su condición de ficción exploit, pulverizando los mecanismos de la saga Bond (en ese punto en el que confluyen Mortadelo y Filemón y El prisionero) y su exótica rebuscada y abriéndose paso entre el slapstick más cazurro, la flema británica y el cine fantástico y de ciencia ficción más modesto. Se trata de un ejercicio tan libérrimo como la imagen pública de los propios Beatles, un envidiable entretenimiento, fruto de la improvisación y la capacidad de Lester para extraer el potencial de los actores, la puesta en escena y un, pese a todo, meticuloso montaje que le da ese característico y disfrutable ritmo a la vez que resuelve las evidentes deficiencias del rodaje y las calamitosas elipsis de su trama. Es por ello un delicioso material de derribo a su propia y asumida condición, a las instituciones británicas, a perpetuar y a la vez romper estereotipos de estos famosos músicos, y a, directamente, divertir con sus ingeniosos diálogos y su disparatada puesta en escena.

Cineuropa 2009 (II): The Children

thechildren

En los mejores momentos de The Children los ojos de una niña nos demuestran su creciente paranoia ante la conducta extremamente caótica de sus compañeros de juegos, y como esta parece ser la única capaz de percibir lo que sucede, ante unos adultos ajenos, demasiado ocupados en sus intrascendentes diálogos. En los peores momentos, Tom Shankland subraya en exceso la atmósfera del film con bruscos efectos de montaje, ralentizados o abruptos insertos con los que buscar esa mezcla de irrealidad y susto que no es capaz de dar ni en la composición ni en la puesta en escena. Hay en ella un interesante punto de vista, donde es imposible tomar partido entre adultos estúpidos y niños bestializados entre los que se sitúa una adolescente prototipo que produce indiferencia; las intrincadas travesuras de los niños, elaborados planes de violencia contra los adultos mantienen su interés por lo disparatado de la propuesta: casi un Saw o un Destino final donde los verdugos son niños con sus juegos. Sin embargo, la película nunca escapa de los códigos genéricos, como el espacio aislado cercado por una naturaleza hostil, así como las anodinas escenas de transición en las que la música y los efectos visuales se empeñan en resaltar el suspense del que carece. Su verdadero punto a favor es el caos y la histeria en la que se recrea cuando por fin la película entra en materia, y aunque jamás llega a brillar con la intensidad de ¿Quién puede matar a un niño? (Chicho Ibañez Serrador, 1976) o la más reciente, aunque con intenciones completamente distintas, La cinta blanca (Michael Haneke, 2009) sí consigue crear el desconcierto que ese grupo de salvajes criaturas va generando con sus azarosas brutalidades. Es, por ello, una interesante película de género que jamás consigue avanzar más allá de su propuesta, pero que se sigue con cierto interés.