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Mis series de 2017

Empiezo este año mis listas con algunas series que he visto en 2017 y porqué las considero interesantes. Son recomendaciones sin orden ni concierto y, evidentemente, no he visto este año más que lo que me ha apetecido ver, por lo que es una lista muy focalizada en aquello que he podido (y me ha apetecido) ver durante los últimos doce meses.


Mistery Science Theatre 3000 (Temporada 11)

A mi, en particular, me falta la mística de un programa del que oí hablar mucho antes de tener la oportunidad de verlo pero, una vez que cayó en mis manos la primera oportunidad, ya no pude abandonar nunca, incluso con mi pésimo dominio del inglés. Ahora que ha vuelto de modo legítimo, es inevitable pensar que cuando MST3K da con la clave (una película particularmente extraña, una broma en el momento justo) te roba el corazón. Youtubers antes de youtubers, compartiendo sus mofas entre sano compadreo e incluso admiración por las películas de las que se ríen.

Adventure Time (Tenporadas 8 y 9)

En el penúltimo año de sus aventuras, Adventure Time ha decidido poner toda la carne en el asador, responder a algunos de los enigmas de la serie y dejar el escenario limpio para emprender su último viaje. A medida que la serie ha ido creciendo, se ha vuelto tan madura como más abstracta y las cicatrices de todos estos años empiezan a hacer mella en la personalidad del, en otro tiempo, eufórico Finn El Humano. Si es este es el nivel que nos espera en el año entrante y definitivo de la serie, no se puede marchar en un punto más alto.

Boku no hero academia (Temporada 2)

Ya en su comienzo My hero Academia prometía una mezcla curiosa entre los tropos del shonen y del cómic de superhéroes americano y es en esta segunda temporada donde ha demostrado todo lo valioso que esto aporta. Al margen de deconstrucciones como One Punch Man, la serie desarrolla su propio estilo para que todos estos viejos clichés tengan algo de frescura y, en especial, para abrir una brecha moral entre que significa ser “de los buenos” en un sistema económico donde tu valía personal está supeditada a tu esfuerzo y progreso, con todas las consecuencias psicológicas derivadas de ello.

Star Trek: Discovery

El primer defecto de esta serie es claro: aquí ha desaparecido, en definitiva, todo el optimismo de la saga. Los compañeros de tripulación ahora se miran entre ellos con desconfianza, hay una guerra con los Klingon (más “talibanes” que nunca) y la humanidad que destilaban otras series está perdida en personajes anti-heroicos ¿Para qué seguirla, entonces? Por la pequeña posibilidad que muestran algunos de sus mejores momentos (no es una serie especialmente bien escrita) de redención y estrechar lazos. Que tal vez tengamos primero que salir de un bache oscuro para que se abra ante nosotros todo un nuevo espacio de posibilidades, de gente que resuelve los problemas con más diplomacia y filosofía, que disparos y artes marciales.

Steven Universe (temporadas 4 y 5)

Por pura serendipia, las últimas ocurrencias en Steven Universe se han desvelado en paralelo con mi situación personal. Por eso este año me ha resultado más efectiva esta serie que solo puede describirse como la versión queer de Gohan entrenando con Piccolo en Dragon Ball. Ayuda mucho el formato, con historias semi-conclusivas pero arcos argumentales que se extienden por toda la serie y consecuencias inmediatas, y dificulta mucho el terrible calendario de estreno de episodios, lo que evita que se preste atención a su (muy interesante) mitología y desarrollos. Pero, vamos, que ojalá más figuras masculinas como Steven.

Little Witch Academia

Que las brujas de Trigger iban a ser una de las series del año era algo esperado. Aún cuando algunos capítulos parecen más distraídos en ofrecer un cambio de tono, también recupera el espíritu enérgico y sentimental que han caracterizado otras obras del estudio. Si bien parece tener más que decir de lo que en realidad dice (las subtrama política, apenas esbozada en el último tercio de la serie, no cumple ninguna función) nunca abandona un casting de personajes entrañable, sus sentidos homenajes (De Tove Jansson a… ¡Chumlee de “La casa de empeños”!) y su furor animado.

Channel Zero: No-End House

Al igual que su anterior entrega, Candle Cove, la serie diluye la muy interesante historia en la que se basa en su primer capítulo y trata de tener su propia identidad continuando a partir de ese momento, con mayor atención en definir a los personajes que en la variedad de sustos que la premisa podía dar. Con ello, la idea de una casa infinita que hurga en tus peores miedos da para cosas interesantes con la atmósfera, la disposición especial y el tono y una serie con un ritmo más relajado de lo que un producto así suele acostumbrarnos.

Fargo (Temporada 3)

Desde la propia película original de los Coen se daba por sentado que si uno convence al espectador de que un hecho es cierto, por muy inverosímil que sea, esto se asume como verdad. Por casualidades del destino, la última temporada de la serie lidia con injerencias extranjeras, conspiraciones de especulación internacional, el pánico de las clases altas ante una sociedad indignada por la desaparición del estado de bienestar, fake news e internet como fin de la privacidad. No importa que muchos de sus pasajes sean digresiones de estilo, apenas una sucesión de momentos caóticos sin un relato detrás: ese es el mundo de historias contradictorias en el que vivimos ahora.

Rick & Morty (Temporada 3)

La serie de Harmon y Roiland ha subido en lo más alto de popularidad, pero aún tiene que lidiar con uno de sus mayores problemas: la amoralidad de su protagonista, siendo su inteligencia utilizada como una excusa para el comportamiento más despreciable o, sic, “políticamente incorrecto” ¿Puede redimirse Rick? La manera en la que se contesta es con otra pregunta: ¿Es redención lo que queremos? ¿O estamos dispuestos a asumir que somos tan dañinos como el personaje, que nuestra admiración hacia él es la salida catártica de nuestra toxicidad? Que también nosotros somos nuestro lado más oscuro y, una vez aceptado, podemos emprender el camino para mantenerlo a raya por el bien de los demás.

Legion

La gran sorpresa del año, una serie de superhéroes que deja bastante en pañales la falta de inventiva de sus compañeras de género. Legión se despliega, al igual que la otra serie de Noah Hawley, Fargo, como la excusa para una serie de coloridas viñetas (nunca tan apropiado) y constantes cambios de estilo. Bajo el pretexto de la mente fragmentada de su protagonista, asistimos a algo más próximo a El Prisionero filtrado por Grant Morrison en una serie de Vértigo (Vamos, Seaguy, para entendernos) y una pasión por abrazar el lado más extravagante, confuso y festivo de los superhéroes.

The Young Pope

El punto de vista de Paolo Sorrentino y yo no hemos congeniado mucho, pero, tal vez por su formato serializado o por el prejuicio (todos culpables) de ver la televisión como un medio de menor peso frente al cine, The Young Pope es más accesible y permisiva con sus locuras. Aun cuando el argumento se disipa más pronto que tarde y, como retrato de personajes se queda a media asta, no se le puede negar que un buen reparto y situaciones interesantes le otorgan algunos de los momentos más memorables del año.

Mindhunter

La nueva serie bajo la protección de David Fincher no está exenta de clichés: desde la pareja de policías formada por un novato entusiasmado y un veterano de vuelta de todo al personaje femenino que está solo para comentar y reflejar el trabajo del protagonista y su progresivo aislamiento emocional. Pero nada de eso es tan relevante: es la puesta en cámara de las entrevistas a famosos asesinos en serie (cuando aún no se les conocía bajo ese epíteto) lo que alcanza un nivel hipnótico, detalles en los diálogos y las expresiones, donde la tensión se encuentra siempre en desconocer quien está manipulando a quien.

Better Call Saul (Temporada 3)

No sé para que querría yo ver un spin off del abogado / alivio cómico de Breaking Bad, una serie que, si bien disfruté, se mostraba demasiado cómoda en mostrar a un cretino como una figura más grande que la vida. Jimmy McGill es también un cretino, pero uno que aún no se ha desconectado de su entorno o que, mejor dicho, busca una aprobación en los demás aun cuando su talento reside en la estafa. Es diez veces más intrigante de lo que una precuela de estas características debería ser, un destino manifiesto y opresivo a medida que Jimmy va convirtiéndose en Saul: el abogado sin escrúpulos.

Twin Peaks: The Return

En el fondo, todo lo que no ha sido Twin Peaks: The Return me ha sabido a papel mojado. No solo se dan cita Kafka, Tati, Fellini, Kubrick o los noir de Billy Wilder, ni solo incluye algunos de los momentos en mejor forma de David Lynch (así como ecos de su propia obra, en un ejercicio de remix) sino que me ha reconciliado con ciertos aspectos del propio Lynch que me generaban siempre suspicacias. Resulta que el Lynch kitsch y humanístico no es tanto una parodia o un contraste con la oscuridad de sus mundos como la razón en sí de esos mundos. La más tierna, sensible, vulnerable (y, por tanto, terrorífica) historia que ha contado. Nada me ha hecho tan feliz este año.

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Un mundo más grande

rickandmortyforeverandeverahundredadventuresdotcom

¿Ha cambiado nuestra perspectiva sobre el mundo en los últimos años? Ciertamente se ha ampliado, estando cada vez más conectados, resignandonos a un estado de caos e incertidumbre. Es parte del motivo por el que ganan tanto apego las series de televisión: eventos colectivos y simultáneos que se extienden por temporadas, que permiten familiarizarse con los personajes, cogerles cariño y verlos, en su status quo, como parte de nuestro paisaje emocional más directo y hogareño. Y si bien las franquicias obedecen a una falta de riesgo económico – ir a lo que ya es conocido, explotarlo hasta que la fórmula deje de dar dinero, volver a empezar – su efectividad también habla mucho de la necesidad de convivir con esos personajes una y otra vez.

Rick y Morty consigue ser algo que Phineas y Ferb no ha podido ser, y que Futurama Adventure Time tardaron más en desarrollar: ha conseguido ser una mitología propia, bebiendo de Regreso al futuroDoctor Who o los Cuatro Fantásticos. Ha conseguido mostrar algo más grande que los personajes, un mundo gigantesco, errático y de grandes dilemas. Y lo ha hecho, precisamente, asumiendo que el status quo es algo que no hace falta ni mantener ni quebrar, sino flexibilizar asumiendo que cada acción de los personajes tiene una consecuencia futura, aunque solo sea en como evolucionan por sí mismos o ante nuestros ojos al descubrir un nuevo ángulo sobre ellos. Es por ello que es una serie que deja un tipo distinto de huella: si cada premisa (realidades alternativas, simulaciones, viajar dentro de los sueños) se extiende hasta sus últimas consecuencias, los personajes no sufren un destino diferente, estando cada vez más enredados sobre sus propios pasos y lidiando con consecuencias muy perturbadoras, lo que les va empujando, poco a poco, a encontrar algún tipo de filosofía con el que sobrevivir entre tanto caos.

Ese es el sentido que uno puede encontrar dentro de una serie como Rick y Morty. Sí, la realidad de este mundo es tan compleja como para albergar todo lo malo y todo lo posible de modo simultáneo, pero mientras muchos elementos que componen la serie parecen ser un tsunami de ideas descabelladas, no se conforman con el mero impacto de esas ideas sino que aportan todo tipo de catarsis a los personajes. En medio de un desconcierto de situaciones, lo importante siguen siendo como interactúan y maduran los personajes y como ese conocerse los unos a los otros – después de todo, la primera temporada tan solo cubre el primer año de Rick conviviendo con la familia Smith por un solo año – va formando la verdadera tela que hace al programa consistente. Ese es el verdadero corazón de la serie. No estamos viendo breves momentos de impacto emocional salpicando una serie de tramas de ciencia ficción, sino una serie de arcos de personaje salpicados con bromas de ciencia ficción. El corazón de esta serie está en sus intentos por encontrar algo de bondad en una realidad desastrosa, y, mientras lo consiguen, nos entretienen con algún concepto llamativo. Asi que, como Rick insiste a lo largo de toda la primera temporada, lo mejor es relajarse, no pensar mucho en ello, montar una fiesta y, como no, ver un poco la tele.

What time is it? Adventure Time!

adventuretime

Me sorprende que a estas alturas aún no haya hablado de las virtudes de Adventure time, la serie animada de Pendleton Ward que me tiene robado el corazón desde su inicio, en abril de 2010. Ubicado en la imaginaria Tierra de Ooo, un ambiguo mundo entre el universo de fantasía y el mundo post-apocaliptico, narra las aventuras de Finn el Humano, un chico de 11 años, y su perro y hermanastro Jake el Perro, con la inexplicable habilidad de estirar y deformar su cuerpo a voluntad; juntos mantienen la paz en un país lleno de monstruos y princesas. A partir de una premisa tan simple, se introduce la declaración de intenciones de toda la serie: la animación se nutre de la febril imaginación de Finn y de la mutabilidad de Jake para ofrecer eso mismo, un producto de corte infantil pero cargado de veladas insinuaciones hormonales, sin miedo a hacer el ridículo y con un exquisito gusto por cambiar de técnicas y abordar la expresividad de los personajes – casi siempre exultantes – hasta los límites más extremos.

Esta pequeña rebeldía, que permite disfrutar a adultos y a niños con un producto que dinamita convenciones y moralejas sin ruborizarse, viene fomentada por una nueva forma de entender las series animadas. La mayor parte del equipo que realiza Adventure time para Cartoon Network, es joven – su creador acaba de cumplir los 29 años – y por tanto, afincada en las redes sociales; de ahí la serie se nutre del feedback que generan en portales como Tumblr o Twitter, dejando que los miembros creativos – músicos, animadores – cuelguen pequeños adelantos de los futuros episodios. Este feedback también genera casos curiosos, como el del próximo episodio titulado Adventure time with Fionna and Cake, donde asistimos a un mundo en el que todos los personajes tienen distinto al sexo a los que conocemos. El episodio nació de los bosquejos de la diseñadora Natasha Allegri al imaginarse a sí misma y su gato como los personajes protagonistas, y al publicarlo generó una respuesta tan positiva que se ha producido un episodio únicamente debido a esa respuesta. Esa mecánica de trabajo ha generado mucha confianza en el equipo que se ha traducido en un derroche de talento, un método participativo que puede ser relativamente nuevo dado el uso de las nuevas tecnologías, pero que parece generar resultados no tan dispares a los que Jim Henson y su equipo conseguían en sus producciones.

Ward cita a Hayao MiyazakiMax Fleischer y Pee Wee Herman como principales referencias, y deja que estas se noten, así como su amor por David Lynch a través de los “momentos Abe Lincoln” – nombrado así por la aparición del famoso presidente en su episodio piloto- , esos momentos donde la serie se permite ponerse críptica o directamente absurda por el puro placer de provocar estupor. Así, juntando todos esos grandes momentos, el equipo ha conseguido crear un nuevo fenómeno donde una serie de animación infantil parece tener, a la vista de la última Comic Con de San Diego, más fans entre la veintena que entre los niños.