Shin Godzilla

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Aunque Hideaki Anno es más conocido por la saga Neon Genesis Evangelion, sus películas en imagen real – Love & Pop (1998) y Ritual (2000) – tienen poco de la bombástica elasticidad de su estilo en animación. Sólo su proyecto híbrido, Cutie Honey: Live Action (2004) señala un matrimonio entre ambas disciplinas, donde las asfixiantes ópticas de ojo de pez y las steadycam se combinan con las líneas cinéticas, los fondos distorsionados, la acción enfática y planos que pretenden quitarnos el aliento equiparando escalas.

Tiene sentido que, para un proyecto tan importante como un nuevo reboot de Godzilla, hecho casi por capricho ante el buen recibimiento del Godzilla de Gareth Edwards (2014), Anno aceptase al conocer que su compañero Shinji Higuchi compartiría el timón. Higuchi, un director más funcional cuyas películas transcurren entre desastres artificiales, repartos corales y miradas de intensidad, saca aquí todo el provecho al talento de Anno para derivar la atención más allá de lo obvio. Sí, Shin Godzilla es la más próxima al Godzilla (Ishiro Honda, 1954) original, en cuanto a que el monstruo es un fenómeno que afrontar y toda la atención está en los hombres y mujeres encargados de evitar la tragedia. Quizás el desvío venga de que el temor ya no son las pruebas atómicas en el Pacífico sino los tsunamis (con un muy evidente paralelismo a la mentalidad de sacrificio ante los incidentes de Fukushima) y, con ello, la incapacidad de los gobiernos y la sociedad para reaccionar.

Como si se hubieran propuesto pensar que kaiju-eiga hubiera escrito Aaron Sorkin, los diálogos entre burócratas y funcionarios tratando de ganar tiempo o averiguar más sobre el ignoto monstruo. El imparable ritmo de un montaje especialmente picado permite no desconectar de la urgencia de los personajes e ir introduciendo pequeñas secuencias que aportan más de las dimensiones del desastre. No hay otro conflicto que el de reducir el número de víctimas y evitar malos mayores, pero este se plantea como una crisis institucional y un llamamiento a la diplomacia y nuevos ejes políticos, lo que hace más relevante aún si cabe la película, no sólo en clave nacional sino como retrato de las diferencias que, en un mundo globalizado, permite articular nuevos tipos de liderazgo, esperando que hayamos resuelto el problema y no solo postergado para próximas generaciones, inevitable coda para una saga que nunca despreciará una continuación.

La tortuga roja

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Un gag de la segunda temporada Rick & Morty proponía la simulación de una vida completa, larga y llena de empatía y relaciones. La proyección en “Roy”, un alter ego mundano distrae a Morty de su propia identidad: ha experimentado décadas de supervivencia que pronto quedarán reducidas a un simple sueño. Michael Dudok de Wit propone, en La Tortuga Roja, una identificación con su protagonista, un Robinson Crusoe anónimo, una tábula rasa que carece del trasfondo de personajes como los de Náufrago (Robert Zemeckis, 2000) o Cuando todo está perdido (J.C. Chandor, 2013) y, al mismo tiempo que él tiene que (re)inventarse de ese estado embrionario – la primera parte de la película está llena de “renacimientos” simbólicos – nosotros vamos adoptando su punto de vista.

Esto es inusual porque los grandes detalles en La tortuga roja son casi expresionistas: muda, de grandes planos generales bañados por la luz, rostros de línea clara que apenas asumen una personalidad propia. Son las acciones y el paso del tiempo los que van determinando un desarrollo del personaje y de su relación con un entorno del que ya no puede separarse. Dudok de Wit ya tenía una experiencia demostrada para esta clase de relato, como demuestran obras como su impresionante cortometraje Father and daughter (2000).

Sin desvelar mucho, la historia muestra un proceso de adaptación. Esa adaptación es un mecanismo de supervivencia que bien puede ser la alucinación de una mente que necesita contacto humano o un acto de bondad de la naturaleza, que le proporciona consuelo en su tiempo en la isla. Sea como fuere, la causa se torna irrelevante porque es lo que la propia pantalla muestra lo que recibe el mayor foco de atención: procedan de donde procedan esas relaciones humanas, el énfasis está en como se establecen esas relaciones y su necesidad, nuestro propio apetito social junto a la satisfacción de la buena compañía.

No es una cuestión de su carácter de fábula sino de como todos los personajes presentes se establecen entre sí y en una relación inevitable con la isla, que acaba adquiriendo su propia (malumorada y posesiva) personalidad. En la calma y serenidad de sus imágenes, los ojos vagan sin tener que saciarse de información, pues la historia se desarrolla sin grandes giros de guión ni escenas de acción. Es un momento para contemplar una vida ajena sobre la que proyectarnos, para tomarnos un respiro y contemplar la agresividad y belleza de nuestro entorno y nuestra propia condición.

La La Land

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En 2009, la serie de la NBC, The Office emitió el capítulo “Niagara”, ambientado en una boda entre compañeros de trabajo. Uno de los puntos culminantes del episodio es la recreación de un vídeo por entonces viral. No mucho más tarde, en el episodio “Nepotism”, la serie arrancaba con un lip dub que, en aquel momento, era el enésimo meme lo suficientemente inofensivo como para ser una actividad en el lugar de trabajo. Lo interesante del lip dub es que es un acto consciente por recrear la idea de un musical: tomas únicas, multitudes coordinadas y elevado entusiasmo. La idea tras esos episodios de The Office no se reducía a unir a los personajes bajo un mismo número musical, sino hacer partícipe al espectador (consciente de esos virales) de la broma.

La la land es una película que comienza buscando esa misma complicidad, entre los anónimos bailes y ripios en una autopista antes de pasar a una escena de compañeras de piso que no oculta su deuda con West Side Story (Jerome Robbins y Robert Wise, 1961). Los decorados están llenos de posters de películas y el tema que se va desenvolviendo a lo largo de la trama es evitar que aferrarse al pasado nos impida soñar un futuro. Sin embargo, a medida que se desarrolla esa premisa la película se vuelve menos y menos musical, aún manteniendo sus deudas hasta el final con Un americano en París (Vincente Minnelli, 1951) en la cabeza.

En cierto sentido, esa búsqueda de la complicidad, de lo familiar, es algo contra lo que muchos nos situamos a la defensiva. No es que haya elementos en la película exentos de crítica, como esa especial ideología sobre el éxito y el esfuerzo que ya asomaba en Whiplash (2014) o lo limitado de su relato, pero  Chazelle sabe que está usando estereotipos y clichés, es consciente de su dependencia por buscar el brillo de cierto cine musical de Hollywood y lo bien recibido que es el escapismo en tiempos tan oscuros como los que vivimos. Y es el caminar de frente, con todas las cartas sobre la mesa, lo que insufla otro aliento a lo que podría ser un ejercicio de anacronismo y nostalgia.

A los planos generales y cinemascope en gran angular, los movimientos de steadycam y la mezcla de colores con fines dramáticos se le une un particular contraste de la imagen que parece mostrar las propias limitaciones del proyecto. No quiero dejar pasar la abundancia de escenas que concluyen con un sonido fuerte, golpes de atención que mueven la película por elipsis, apto para captar un tono y una atmósfera con coherencia pero demasiado conveniente en favor del desarrollo y transformaciones de la pareja protagonista.  Uno puede conectar con ese mundo de referencias, donde el cine se sueña a sí mismo como lo más grande posible, pero también puede hacerlo desde la franqueza y entusiasmo que muestra la película. Al fin y al cabo, los protagonistas de nuestra historia viven en una precariedad y una desilusión más familiar que cualquier guiño a Jacques Demy.

Silencio

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Compara Scorsese su nuevo trabajo a la escena final de Los Comulgantes (Ingmar Bergman, 1963) donde el acto en sí de presidir la eucarístía tiene un valor aunque (o gracias a ello) nadie está allí para contemplarlo. Es una semejanza con el ritual de la vela en Nostalgia (Andrei Tarkovsky, 1983): los gestos de fe que no se ven, los rituales secretos, generan una idea de intimidad con Dios, siendo este menos percibido como un ente que como una reconciliación con nosotros mismos y con las verdades del mundo.

Por supuesto, hay una lectura menos religiosa. La del choque de culturas y los efectos del colonialismo o la de las buenas intenciones que generan consecuencias más desastrosas. Pero lo que más le interesa a Scorsese es la psicología del misionero, el ejercicio introspectivo que pone en conflicto las paradojas de su fe: ¿Prioriza el amor a Dios (sobre todas las cosas) al amor al prójimo? El interés se pone en el sacrificio o en el acto de abandonarse por el bien de otros, un abandono que no es tanto una muerte como el rechazo a alternativas más cómodas, a la manera de La última tentación de Cristo (1988).

Mientras que la anterior adaptación de la novela Shusaku Endo, Chinmoku (Masahiro Shinoda, 1971), trataba de ser un fresco de una etapa de persecución religiosa, aquí el viaje del jesuíta portugués ocupa el principal foco de atención. No sólo hay una constante puntuación con la imagen del rostro de Cristo sino que diversos paneos parten de la perspectiva del forastero y de una percepción distorsionada de lo que sucede a su alrededor. La versión de Scorsese es más fiel al texto de la novela, incluyendo pasajes ignorados en la adaptación de Shinoda, pero su alcance es más subjetivo.

Breve: Surviving Indie

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Desde Indie Game: The Movie ha habido un mercado para documentales sobre desarrolladores de videojuegos, en especial si van distribuidos a través de la plataforma Steam, siendo este el lugar ideal de exhibición para su público. Si el documental de Lisanne Pajot y James Swirsky se centraba en tres ejemplos muy concretos de éxito (Braid, Super Meat Boy y Fez), Surviving Indie lo hace desde la perspectiva de los malogrados. Es el director, Richard James Cook, el primero que expone los obstáculos para abrirse camino en una industria floreciente pero que, por alguna razón, ha seguido rechazando sus proyectos y esperanzas. Desde casos que podrían haber sido explorados más, como el de Rami Ismail y su Ridiculous Fishing, hasta verdaderos éxitos como el de Kellee Santiago y el juego Journey, es muy loable centrarse en lo aspectos más duros de la profesión y el medio y así paliar cierto triunfalismo y espíritu de “emprendedor” que disfraza esa misma realidad.

Y, sin embargo, a medida que el documental avanza y Cook permenoriza todos los detalles de una vida que va de mal en peor tratando de alcanzar su meta, se hace cada vez más patente un problema. Es un documental muy modesto y pequeño, pero resulta importante destacar que, si bien en ningún momento se centra en dar consejos o explicar alguna fórmula secreta para vender tu proyecto, tampoco parece condenar del todo las condiciones del trabajo. El sufrimiento se acepta como una moneda de pago hacia algo más elevado, algo que presuntamente compensará todo el dolor y angustia soportados hasta entonces. Jamás se presenta un cuestionamiento de un sistema altamente competitivo, masificado, injusto y donde los desarrolladores dejan su salud.

Detrás está la idea de que perseguir un sueño merece cualquier tipo de martirio. El error que creo que se comete al respecto es aceptar que ese sueño solo puede traducirse en datos concretos, generalmente de una índole exclusivamente económica (un “éxito de ventas”) y el estrés de adaptarse a un sistema aún en constante evolución. Hay infinidad de historias parecidas a las que narran los protagonistas de Surviving Indie, pero tal vez sería mejor abordarlas desde su función laboral y social, o puramente de expresión artística, y menos desde el extentido lugar común del artista que necesita vivir como mendigo para ser reconocido.

Mis tebeos de 2016

Aquí una lista modesta y muy incompleta de tebeos que he leído y me han sorprendido en el pasado año. Como siempre, las ausencias se deben a mi falta de tiempo para abarcar todo pero aquí al menos hay algunos tebeos cuya lectura no puedo más que recomendar.

c16-thevisionThe Vision

El high-concept es suficiente para vender la premisa: Visión, el androide superheróico miembro de los Vengadores, ha creado (literalmente) su propia familia y vive en las afuera de Washington haciendo de enlace entre su grupo de vigilantes y el gobierno. Lo que en principio es una vida apacible se convierte, poco a poco, en una pesadilla suburbana donde abunda la desconfianza y el prejuicio. Crímenes de odio y venganza que hablan alto y claro sobre la deshumanización de nuestros semejantes y aplica algunos de los más brillantes recursos narrativos del año.

c16-golemGolem

Una Italia cyberpunk y post-Eurozona (con todo los sentimientos apocalípticos que esta idea genera) es la excusa para un vibrante despliegue de colores y movimientos que recuerdan, sin ningún disimulo, la influencia de Katsuhiro Otomo y, en especial, “Akira” así como un leve toque de “Neon Genesis Evangelion”. Ahí es nada.

c16-providenceProvidence

Hablé de él aquí.

c16-archangelArchangel

Una conspiración del Presidente de los Estados Unidos para volver a un pasado nazi y cambiar el curso de la historia. Que desgraciadamente apropiado. Eso sí, su mayor atractivo reside en como este proyecto de William Gibson lleva al tebeo su obsesión por un detallismo en el tecno-espionaje que le ha llevado siempre a preveer el futuro de los próximos diez minutos, aunque aquí, con una coartada mucho más pulp.

c16-thetwilightchildrenThe Twilight Children

Canto de cisne del finado Darwyn Cooke, esta vez bajo el guión de Gilbert Hernandez. Obra pequeña y melancólica pese a su temática de fenómenos paranormales en un pequeño pueblo costero. Más que ver con celos, remordimientos y la búsqueda de una paz en común, de una población que reacciona con cierta tranquilidad a lo que ocurre y se muestra más intrigada y protectora que miedosa o agresiva. Tal vez no tengamos que ser nosotros los monstruos de Maple Street.

c16-supermanamericanalienSuperman: American alien

Más bien una colección de estampas en distintos momentos de la vida de Superman que un relato concreto, Max Landis hace su mejor trabajo hasta la fecha indagando en como diversos incidentes y primeros encuentros van definiendo la personalidad de un inseguro y pío Kal-El/Clark Kent entrando en un mundo donde el cinismo es mejor recibido. Si también es cierto que hay no pocas deudas con autores del pasado (un pasaje con Mr. Mxyzptlk parece una descripción muy cruda de las ideas de Grant Morrison), Landis reconoce que el personaje de Superman es mucho más grande e inspirador que los autores que tienen la suerte de compartir su visión del superhéroe.

c16-joyrideJoyride

No puede tener un título más ideal: ¿Qué tal ser un adolescente, robar una nave espacial y salir de tu burbuja distópica para cometer pequeños delitos por la amplia galaxia? Un muy colorido viaje espacial que contrasta y puede que complemente al tebeo, también de este año, “Empress” de Mark Millar pero que también tiene un ligero aroma al “Runaways” de Brian K. Vaughan. Space opera sin complejos ni nada que arrepentirse ¡YOLO!

c16-papergirlsPaper girls

Se habla mucho, y con razón, de como la nostalgia ha ido devorando una gran parte del panorama cultural, pero a veces es importante para poner las cosas en perspectiva: por ejemplo, el tiempo que has pasado en tu vida jugando al Arkanoid parece absurdo una vez que alcanzas la madurez. Y la madurez también puede parecer vacía y decepcionante cuando tu niña interior no está dispuesta a aceptarla. Por el medio hay un montón de sorpresas de carácter fantástico que son el simple aderezo para las conversaciones de estas cuatro chicas y su destino manifiesto en una noche aciaga.

c16-glupGlup

Sin palabras, valiéndose de un medido uso del color y la luz y trazos ondulantes. Un pequeño y modesto viaje creativo sobre la relación entre una niña y el mar y como esta relación evoluciona con los años. La vida que se origina y surge del mar pero también la que vuelve una y otra vez porque no puede abandonar ese vientre materno de los seres vivos, por aterrador que pueda ser a veces.

c16-black-widowBlack Widow

El segundo Vengador que aparece en esta lista lo hace manteniendo todos los clichés que conocemos del cine de espías: un agente con un pasado oscuro, un misterio por desvelar, perseguida por sus enemigos y aliados, y mucha, mucha, mucha acción. Tal vez el tebeo de superhéroes que más páginas ha dedicado a la acción este año, con algunos muy vistosos métodos para representarla entre viñetas y darle toda la potencia y seguridad de Jason Bourne pegando castañazos con un bolígrafo.

c16-houseofpenanceHouse of Penance

Conocida como el lugar más embrujado de Estados Unidos, la Mansión Winchester no era sólo la residencia de la viuda del heredero de un imperio de armas que pasaron a la historia como los rifles que conquistaron el Oeste. También era una extraña mezcla de estilos que, según Sarah Winchester, albergaban los espíritus de todos aquellos muertos por el legado que la había enriquecido. Esa sensación de culpa heredada se filtra en las paredes y extiende sus tentáculos sanguinolientos más allá de las viñetas, como si quisiera atraparnos y enloquecernos.