Ash vs. Duke Nukem

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Sabemos que hay un arquetipo común al héroe, sin embargo, es notable que la manera en que esos héroes son representados varíen en función de la ideología o los valores culturales del momento. No estoy descubriendo aquí la rueda. Es por ello por lo que me fascina mucho de la época actual de revisionismo y franquicias que vivimos: permite mostrar todo un tapiz de personajes adaptándose tanto al recuerdo de quienes primero lo conocieron como a la necesidad de apelar a un nuevo público. Y, al hacerlo, se nos está ofreciendo un patrón sobre aquello que permanece en la esencia del personaje y aquello que entrega una nueva luz.

Ash Williams es uno de esos iconos que ha sobrevivido, quien sabe como, desde su debut en Posesión Infernal (The Evil Dead; Sam Raimi, 1981), una película de bajo presupuesto. Se podría decir que su primera encarnación es incluso anterior, en el cortometraje Within the woods (Sam Raimi, 1978) interpretado igualmente por Bruce Campbell pero bajo un nombre homónimo al actor. Este mismo año, Raimi y Campbell han vuelto al personaje que les hizo debutar – su “rito de pasaje”, palabras del director – con la serie Ash vs. Evil Dead (2015 – ) y cada nueva encarnación de este héroe, incluso mediante una leve continuidad entre sus entregas, ha supuesto un personaje considerablemente diferenciado.

Para hablar de ello, se me ha ocurrido mentar a otro personaje que comparte el tono cómico y violento y ha sufrido, en mi opinión, una similar adaptación a los tiempos aunque con menor fortuna. Se trata de Duke Nukem, personaje de los videojuegos de 3D Realms (antes Apogee Software).

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  1. El hombre común

Primero Ash es un pobre tipo, arrastrado por las circunstancias, incapaz de dar muerte a sus compañeros poseídos, sobrepasado por el rol que le toca jugar. Cuando todo parece solucionarse con más suerte y templanza que habilidades, no es más que una falsa alarma. Ash solo pretende pasar un fin de semana tranquilo, es un tipo cualquiera, pero el instinto de supervivencia acaba marcando sus pasos. En Duke Nukem (1991), nuestro protagonista no es más que un telespectador (!) contrado por la CIA para detener los planes de conquista del mundo del Dr. Proton. Vale, no es un personaje tan indenfeso como Ash, pero se refuerza durante el juego la idea de que representa a un ‘hombre corriente’, al menos como lo podíamos entender tras el reaganismo y los héroes de acción de los ochenta.

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2. La tentación del poder

Es en Terroríficamente muertos (Evil Dead II; Sam Raimi, 1987) donde empieza la reescritura del personaje de Raimi: ya no va acompañado de sus amigos, sino directamente de su pareja, y una vez que el mal queda desatado, se unen a su periplo nuevos personajes. Ash ya no es el hombre que se va quedando progresivamente solo y enfrentado a sus demonios, sino aquel que los ha derrotado y saca de dicha experiencia el valor para defender a nuevos inocentes. Sí, temporalmente Ash es parte del problema, poseído por su lado más oscuro, pero termina por aceptar su rol de salvador. En Duke Nukem II (1993), nuestro héroe ha sido secuestrado por alienígenas, indefenso, con el propósito de ser usado contra la tierra: sus ondas cerebrales ayudarán a los alienígenas a diseñar una estrategia. Por esperable que sea, Duke se rebela y vuelve de regreso a la Tierra, consciente de que las habilidades ganadas en el pasado ahora tienen el peso de una responsabilidad.

leyenda3. La leyenda

El heroísmo de Ash no es completo hasta El ejército de las tinieblas (Army of darkness; Sami Raimi, 1992) donde se convierte en un enviado de los cielos y en parte de una profecía. Ya no es un hombre normal en una circunstancia excepcional, ya no es un hombre que superó sus dificultades para ayudar a los demás con las mismas: es una leyenda, un líder y la única persona que puede hacer frente, glups, a todo un ejército. Se ha acostumbrado, el miedo ya no le paraliza como en sus inicios y hasta pierde el respeto a sus contrincantes: es soberbio, presumido y resolutivo. Un empleado de un comercio coronado a sí mismo como rey. En esta misma línea de fantasía de poder está el Duke de Duke Nukem 3D (1996), donde el personaje ya toma sus características gafas de sol (marcando una distancia entre él y ese hombre corriente que veía Oprah), afronta que lo que creía terminado ha tomado las peores proporciones y que solo él tiene la experiencia suficiente para salvar a la humanidad, incluyendo a un montón de mujeres esculturales, una de las cuales le espera como recompensa final. Hail to the king, baby!

crepuscular4. El espíritu de otros tiempos

El Ash Williams que conocemos en el piloto de Ash vs. Evil  Dead ya no puede ser esa misma fantasía masculina: en primer lugar, Bruce Campbell ya tiene una edad, el personaje nunca ha sido tan popular como para no necesitar una reintroducción a un nuevo público, pero, sobre todo, mucho de lo que ese Ash representaba ha quedado desfasado. Este es un Ash que necesita a un chico latino y hasta tres mujeres de distintas condiciones para apelar a algo más que al adolescente interior que quiere disparar zombies y besar a la chica al final. Son tiempos nuevos, y la leyenda, el rey, es más un símbolo sobre el que girar, un símbolo obligado a adaptarse y depender de sus compañeros. Vivimos en una sociedad más comunicada y donde más necesaria es la colaboración: ya no hay lugar para un único caballero de brillante armadura, es la hora de que todos asuman su responsabilidad.

Ese es uno de los principales errores de Duke Nukem Forever (2011). En esta entrega, Duke se presentaba como una versión incluso más excesiva que la anterior. Ya no era solo esta fantasía: era esa fantasía pasada por el filtro de la nostalgia, un dinosaurio del pasado que ya no resultaba una transgresión (violencia y sexo sin excusas) tanto como la versión más retrógrada de una industria, la de los videojuegos, que había ido mucho más allá en los últimos años. Ash puede reírse de sí mismo: por muchos ejércitos del Mal que haya vencido, por muchos viajes en el tiempo y posesiones demoníacas que haya afrontado, hay un patetismo inherente a él. Duke no es nada más allá de su fachada de tío rudo. Es un fantasma, no un símbolo; un individualista, no un líder. Es una figura solitaria y triste en tiempos donde representa lo peor del hedonismo y la depredación. No nos reímos con él porque él no quiere verse parte de la broma. Creo que esto es uno de los principales aciertos de Ash vs. Evil Dead: haber reconocido que no se trata del héroe crepuscular sin más, sino del paso de testigo, de la esencia y ánimo que un héroe transmite antes que el intento de mantenerse impertérrito, ajeno al contexto y al tiempo.  Print the legend, que dijo alguno.

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