Las mujeres de Sword Art Online

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En otra ocasión hablé de Sword Art Online como un ejemplo de lucidez, de una obra lo suficientemente abierta a la actualidad como para mostrar la compleja relación que los más jóvenes tienen en la actualidad con los mundos virtuales. La serie, basada en las novelas ligeras de Reki Kawahara, situaba a cientos de jugadores atrapados en un MMO del que solo saldrían cuando completasen cierto nivel pero en el que la muerte virtual equivalía a una muerte cerebral en nuestro mundo. La premisa es fácil de reconocer tanto en la propia cultura pop japonesa (.HackBattle Royale, Liar Game, GantZ, Btooom!) como en la actual fiebre de novelas juveniles (Los juegos del hambre, El corredor del laberinto) de la que SAO sería un equivalente.

Sin embargo, la naturaleza de esta historia se torna mucho más compleja: la relación entre dos supervivientes, el cheater Kirito y la admirada Asuna termina formando el arco principal, pero solo para reflejar la enorme presión con la que viven. Así, Kirito y Asuna sufren muertes de compañeros o se ven ellos mismos obligados a defenderse dando muerte a otros y, en medio de esa locura, no tardan en preguntarse si merece la pena pasar ese calvario para salir de ese mundo virtual donde aún pueden dedicarse el uno al otro.

Esta filosofía marca mucho el desarrollo de la trama: son menos importantes las batallas, el desarrollo de habilidades y la búsqueda que las relaciones que Kirito establece a su alrededor. Y es ahí donde la serie se vuelve extraña. Kirito no es un personaje demasiado definido: un jugador excelente, practicante de kendo, sereno hasta resultar apático, de hecho, apenas se presentan defectos en su comportamiento y su caracterización termina por resultar algo plana. Es entonces cuando se hace evidente que Kirito se construye como una página en blanco donde cada personaje femenino que se cruza proyecta en él sus deseos.

El reparto femenino de la serie es interesante, con Asuna a la cabeza, mostrándose el personaje más maduro y más humano, pero pronto Kirito empieza a acumular un séquito de amigas que proyecta la sombra de uno de los aspectos más oscuros del anime: los harenes. No es difícil entender porqué la idea del harén es tan popular en novelas ligeras, mangas o animes, pero resulta tremendamente incómoda, en especial cuando el protagonista permanece ignorante a estas atenciones. Todo ello solo busca crear – como aquí identificaríamos en la saga Crepúsculo – un marco donde la tensión consiste en saber a que chica elegirá un protagonista indefinido y arbitrario.

No resulta raro ver que SAO pasa el test de Bechdel sin dificultad. El hecho de que en un mundo como el de los videojuegos se muestre con tantos personajes femeninos participando y no se oculte la parte desagradable de acoso que sufren, creo que es algo a valorar. Aun así, los valores de SAO parecen fluctuar entre los intereses de Kawahara, la adaptación animada de A-1 Pictures y ciertas “demandas” del público objetivo. El resultado es que mientras la relación de Kirito y Asuna se muestra con bastante madurez o incluso sensibilidad (tan lejos como para llegar a expresar un deseo legítimo de ser “padres” de una hija virtual), la serie no está exenta de sus planos “male gaze”: conversaciones resultas con escorzos de culos, trajes femeninos algo imprácticos, la actitud vulnerable que cada personaje femenino acaba adquiriendo cerca de Kirito, a alguien le queda pequeño el bikini pero que más da.

Pese a ello, Kirito recibe alguna mirada indiscreta y algún torso desnudo. Un desequilibrio que recuerda a las polémicas con Juego de Tronos. Nada evita la sensación de estar ante un buen material fagocitado por un formato que demanda todo un merchandising entorno al fetiche. Así, cuando el segundo arco argumental de la serie relega a Asuna a damisela en apuros y trae a una prima-hermanastra de Kirito para jugar con tentaciones incestuosas, la serie parece perder cierto carácter. Con todo, la nueva temporada, de reciente estreno, también parece haber apartado a Asuna en favor de Sinon, otro personaje femenino prendado de Kirito pero al menos con su propia agenda.

Quizás Kawahara condense mejor sus virtudes en una obra posterior, Accel World, que curiosamente tuvo una adaptación más temprana y (cof, cof) menos éxito. Accel World tiene al menos un protagonista interesante: Haru, estudiante obeso refugiado en los videojuegos (que en su mundo se activan ¡desde un chip cerebral!) que un día trata con la chica más popular de su escuela para descargar un juego secreto. Lo interesante es como el juego no es tanto el escenario de sus aventuras, como ocurre en SAO, como un instrumento para analizar los problemas de Haru. El muchacho se ve literalmente a sí mismo como un cerdo, pequeño y torpe, pero en el juego su avatar es un estilizado robot de metal plateado y es el único personaje que porta alas.

Accel World no está exento de esos tics irritantes de fanservice, pero algo más moderados: también con una mayoría de personajes femeninos, todos muestran personalidad suficiente para no depender de Haru, pero estableciendo sin dudas lazos (la mayoría de amistad) más allá de un simple “amor a primera vista”. Incluso el personaje más próximo a ser un interés romántico, la enigmática Kuroyukihime, actúa principalmente de mentora y consejera y cualquier sentimiento que ella guarde por Haru se va desarrollando poco a poco y con no pocos matices. Igualmente, los fetiches siguen ahí: personajes de “hermanas pequeñas”, chantajes que insinúan infidelidad (recurso idéntico en SAO), incómodos encontronazos en las duchas, la obligatoria excusa de la playa para mostrar desfile de bañadores… hasta Kuroyukihime muestra tendencias de arquetipo dominatrix.

Destaco que Accel World parece centrar su tema en la necesidad del crecimiento personal y estrechar lazos con nuestro entorno, mientras que Sword Art Online prefiere hablar sobre superar traumas en común. Curiosamente, el mundo de Accel World habla de una tecnología reservada a unos pocos, mientras que SAO explicita la necesidad de una creatividad colectiva y enfrenta el uso egoísta de dicha industria. Esas diferencias de tono se marcan sobretodo en ambos protagonistas: el confiado, serio y habilidoso Kirito y el inseguro, infantil e incompetente Haru. Mientras que Accel World acepta un mundo más complejo, donde los héroes son imperfectos y sus amistades femeninas no están basados en su atractivo, SAO es una fantasía del hombre que puede tener a todas las mujeres, y si tiene que dejar a su pareja en casa cuando se va de aventuras, mejor.

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  1. Con amigos, sí | Henrique Lage - 6 abril, 2016

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