El Woody Allen esotérico

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La próxima película de Woody Allen – un director que nos ha malacostumbrado a tener al menos una película por año – Se llama Magic in the moonlight y nos sitúa en los intentos de un hombre por desenmascarar un posible fraude relacionado con el espiritismo. No es la primera vez que una obra del director neoyorkino se aproxima a estos temas: es curioso que nadie dude de la inspiración que Allen toma de Ingmar Bergman, pero nadie le atribuya, entre sus intereses comunes, cierto misticismo no teísta, una preocupación no solo por el llamado “silencio de Dios” (cuyo máximo exponente en Allen es Delitos y faltas) sino también por el temor a una realidad supranatural que tome dominio de nosotros, como en El rostro o La maldición del escorpión de jade. Ambos comparten esa visión del ateísmo en su postura más negativa, una ausencia de fe se convierte en una orfandad.

En Recuerdos (1980), la imagen de un niño mago ejerce de alter ego de esta faceta. En La comedia sexual de una noche de verano (1982) Allen interpreta a un inventor que pasa el fin de semana en la campiña con una bola para atrapar espíritus.  En su segmento para Historias de Nueva York (1989), titulado Edipo reprimido, la madre del protagonista desaparece dentro de un armario mágico para reaparecer sobre el cielo de la ciudad y reprender a su hijo, un popular abogado.

 En Conversaciones con Woody Allen, Eric Lax pregunta por el germen de la idea de Alice (1990) volviéndose invisible:

W.A: Recuerdo que en aquella época tenía amigos que iban a un curandero del barrio chino, que les cobraba una fortuna por unas hierbas que les daba. Podrían haber sido peligrosas, pero desde luego de eficaces no tenían nada. ¿Le he contado alguna vez la historia de los bigotes de gato en el ojo?

E.L:: cuéntemela otra vez.

W.A.: A mí todo eso siempre me ha parecido una tontería. El caso es que una vez tuve un problema en los ojos y no había manera de solucionarlo. Estuve con molestias mucho tiempo y probé todo tipo de medicamentos. Al final una amiga me dijo: «Voy a pagarte una sesión con este médico y ya verás como él te lo cura. Te lo garantizo». «No pienso ir al barrio chino», repliqué. Y ella me respondió: «El irá a tu casa y te curará. No tienes nada que perder. Tú deja que te visite una vez, y si no te cura no pasa nada». Así que al final accedí a que el tipo viniera a casa y se presentó con unos bigotes de gato. Me los puso en el conducto lacrimal y se largó… Por supuesto eso no me hizo ningún efecto. Cuando se lo conté al oculista me dijo: «¡No dejes nunca que nadie te ponga nada ahí! Podría provocarte una infección. A saber lo que podría pasar». Y cuando estaba escribiendo Alice se me ocurrió que esta señor del Upper East Side oyera hablar a sus amigas de uno de esos curanderos que hacen milagros, y decidiera bajar al centro y consiguiera un montón de pociones. Entonces me dice: «¿Y si fueran pócimas mágicas de verdad?».

Lax también pregunta al director neoyorkino por su afición a la magia y su utilidad dentro de sus guiones:

E.L.: Gracias a sus conocimientos de magia sabe un montón de tácticas de distracción, y en esta película se vale muy bien de ellas.

[…]

W.A.: Siempre he creído que los años que me he pasado haciendo magia me vienen muy bien en ese tipo de situaciones. Puedo engañar perfectamente cuando me lo propongo; sé como valerme de esos truquillos de magia que pueden hacer que algo parezca lo más inocente. Suelo servirme de esas pequeñas sutilezas que despistan al espectador hasta tal punto que no tienen la menor idea de por dónde voy a salir. Es exactamente el mismo principio que se emplea en un juego de magia cuando uno hace algo que despista al espectador. Digamos que dentro de un rato voy a tener que sacar mi cartera de alguna manera; media hora antes puedo sentarme y sacarla varias veces, de modo que cuando hago el gesto más tarde lo hago sin levantar la menor sospecha.

Al menos dos películas de Allen reflejan la preferencia por un mundo de fantasía que irrumpa y añada aquello que nos falta, un destino o una escapatoria, que permita soportar las tribulaciones vitales de sus protagonistas: el ejemplo más conocido es la interacción entre el héroe en la pantalla, Jeff Daniels, y la espectadora Mia Farrow en La rosa púrpura del Cairo, pero también la salvación de Allen a manos del mago Armstead en Sombras y niebla (1992) utilizando un espejo mágico que le conduce a otro dimensión.

Esa utilización de la fantasía no reduce su función al escapismo, sino que sirve como marco de referencia, de contraste, ante aquellos aspectos naturales de la vida (como un asesinato que queda sin castigo) que no parecen formar parte del ‘relato’ que consideramos ideal. Así, un periodista vuelve de la tumba a través del truco de un ilusionista para desvelar la identidad de un asesino en Scoop (2006) y una mujer en el otoño de su vida puede hacer su vida más llevadera escuchando a la pitonisa de Conocerás al hombre de tus sueños (2010). Al respecto de Match Point (2005), menciona:

W.A.: Hay dos clases de historias de misterio y asesinato: las que sirven de lectura ligera en un avión y las que – y que conste que no hago ningún tipo de comparación – dan al asesinato un valor más significativo, como en Macbeth, Crimen y castigo o Los hermanos Karamazov; en estos casos el asesinato se utiliza, no como argumento para una novela policíaca, sino como un motivo de reflexión filosófica. Mi intención era dar un poco de fundamento a la historia para que no se quedara en un mero ejercicio de género.

Creo pertinente señalar que Allen, más adelante, también cita como influencia un tebeo de su infancia, Crime Does Not Pay, historias moralizantes de crímenes que, como la popular EC Cómics, sufriría el ataque del psiquiatra Fredric Wertham en su famoso libro La seducción del inocente.

Es curioso lo sencillo que resulta todo si entendemos que cada acto dentro de un guión tiene algo de sortilegio. Cuando en Interiores (1978) Pearl rompe el jarrón de Eve, funciona como una metáfora de la presunta ‘vulgaridad’ que el personaje de Maureen Stapleton ejerce en el ambiente y que termina por “quebrar” a Geraldine Page. El personaje de Pearl es jovial y místico y supone un atisbo de luz dentro de una película soterrada en una penumbra de tristeza: Pearl vive el sueño inconsciente y alocado de disfrutar de la vida, no existen preocupaciones cuando un orden superior a la realidad determina todo.

Finalmente, me gustaría destacar dentro del libro Lax este  curioso símil que Allen hace con su carrera:

W.A.: Uno se pregunta cómo he durado tanto en un negocio tan corrupto y feroz como el cine, en especial dados todos mis defectos, mis limitaciones tanto en el plano profesional como en el personal, mis fobias, mis manías, mis pretensiones artísticas, mis exigencias creativas sin condiciones y con un talento menor como única arma. La respuesta es la siguiente: de niño me encantaba la magia y podría haber acabado dedicándome a ello si no me hubiera ido por otros derroteros. Y así, echando mano de todas mis aptitudes para la prestidigitación, de mis malas artes, de mis sutiles subterfugios y de mi sentido de la teatralidad, es decir, de todo lo que aprendí estudiando mis libros de magia cuando era un crío, he sido capaz de crear una fantástica ilusión que lleva durando más de cincuenta años y que incluye un montón de películas. Houdini, Blackstone, Thurston, todos los prestidigitadores de mi juventud habrían estado orgullosos de mí. [Se encoge de hombros.] Ojalá estuviera bromeando.

 

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