Un organismo llamado Lem

stanislawlem

 «¿Qué es un elefante?», le preguntaron a una hormiga que nunca había visto uno.

«Es una hormiga muy grande», contestó esta.

Stanislaw Lem. La fórmula de Lymphater.

Con el reciente ruido levantado por la publicación del libro de relatos de Stanislaw Lem, Máscara y el largometraje The Congress (Ari Folman, 2013), conviene recordar al autor y su relevancia pese a la poca popularidad que tiene entre el gran público. Será más recordado como el autor de Solaris que inspiraría las películas homónimas de Andrei Tarkovsky (1972) y Steven Soderbergh (2002).

La obra del polaco se centra en el individuo, en una identidad desintegrada, un “yo” falso” que se pone de manifiesto cada vez que es comparado con el Otro. Cada uno de sus personajes se encuentra frente a una inteligencia alienígena, un clon, una versión de sí mismo en otro punto del tiempo o una inteligencia artificial que está ahí para cuestionar nuestro antropocentrismo. Hay en Lem una aceptación de lo orgánico, del orden natural de las cosas donde hasta la conciencia de un ordenador es un paso lógico, la consecuencia de una evolución diversificada.

Es inevitable comparar a Lem con Philip K. Dick, sobre todo en lo concerniente a su dispar fama.Se puede tomar como referencia el tebeo de Robert Crumb – que reconoció que jamás había leído nada de él – sobre la experiencia mística del escritor para entender que papel icónico ha adquirido Dick en la contracultura. Dick ha sido aceptado por la corriente cultural más pop que ha adaptado su gnosticismo, su uso de las drogas y cierto halo de derrotismo ante un genio maligno que usa la realidad como un escenario mudable. Es la idea de la ilusión del mundo lo que más caracteriza la obra de Dick, el marco que denominamos lo real es siempre una construcción.

De ello podemos deducir que Lem tiene una aproximación más positivista y Dick opta por cierto grado de misticismo. No es que el norteamericano sea ajeno al cuestionamiento del “yo”: en Lotería Solar (1955) un magnicida llamado Keith Pellig es en realidad un androide controlado por cientos de operarios en turnos, evitando así el control de las Brigadas Telepáticas que son incapaces de reconocer un patrón. Pero para Dick, la naturaleza de lo humano está en una aspiración, un anhelo (¿sueñan los androides?)[1] mientras que Lem asume que lo que llamamos humanidad es otra de tantas especies, no más relevante para el Cosmos que un hongo o una anémona.

Pero, ¿Y si el androide Pellig fuese real? ¿Y si Stanislaw Lem no fuese un solo escritor sino un colectivo? Así lo plantea la edición brasileña de Solaris editada en los ochenta por Círculo do Livro, en cuyo epílogo el crítico croata Darko Suvin escribe:

¿Existe el señor Lem? Negamos rumores de que sea un ordenador que ha usado las iniciales de Lunar Excursion Module (L.E.M.)

Lem entró como miembro honorario de la Science Fiction & Fantasy Writers of America (SFWA) en 1973. Lem había alabado el trabajo de Dick por encima del de sus compatriotas, considerándolo el único escritor valioso de su generación. Esto fue agravando una brecha entre él y los demás miembros de la SFWA que la Guerra Fría ya había creado. El telón de acero entre ambos bloques imposibilitó a Dick cobrar los derechos de publicación, sospechando que Lem se quedaba con el montante. Sería en septiembre del año siguiente cuando Dick remitiría su famosa carta al FBI sobre Lem: allí acusaría al polaco de ser un funcionario de un partido totalitario que comandaba desde Cracovia al canadiense Peter Fitting, el austriaco Franz Rottensteiner o incluso el propio Darko Suvin. No solo sospechaba que la intención era introducir “ideas peligrosas” en sus obras – Fitting, por ejemplo, admiraba a Dick porque su visión crítica del consumismo lo emparentaba con sus estudios marxistas – sino que sospechaba que buscaban secuestrarlo y lavarle el cerebro.

La ausencia de realidad de un esquizofrénico como Dick le hacía temer por una supresión de su identidad, por una perversión de lo que él consideraba objetivo en su obra y que otros, los críticos, interpretaban libremente e incluso contra él y su ideología. Para Dick, tales halagos solo podían tener una intención retorcida. Lem, en cambio, no cesó de admirarle en perjuicio de sus contemporáneos, lo que acabó con su salida de la SFWA pese al apoyo de grandes nombres como Ursula K. Le Guin. Esa separación marca, a mi parecer, un distanciamiento sobre la obra y el discurso de Lem, mientras que Dick fue encontrando su hueco entre los lectores norteamericanos que acabarían notablemente influidos por su trabajo y redactando Hoy conviene recuperar la prosa de Lem porque se mantiene tan vigente, tan insinuante y extraña como entonces, haciendo hincapié en las imposibilidades de la comunicación, en las limitaciones nuestra propia condición animal y en las elásticas fronteras de nuestro entendimiento.

[1] “La mutación más espectacular que conmueve a nuestro universo es sin duda la reificación del hombre, pero esta mutación se acompaña al mismo tiempo de una humanización recíproca de lo inanimado por la máquina. No podemos, en lo sucesivo, oponer más categorías puras de lo vivo y lo inanimado, y esto va a convertirse en nuestro paradigma”. Philip K. Dick. “Los defensores”.

Anuncios

Etiquetas: , , , , , , , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: