El eclipse en “Berserk”

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Es curioso, pero aunque el discurso cultural gire con frecuencia sobre las adaptaciones de un medio a otro, rara vez analizamos de ellas lo que realmente interesa. Cuando se habla de la trilogía aún proceso de El Hobbit, y como sus más nueve horas surgen de un libro de poco más de 300 páginas, entendemos que los problemas surgen cuando se busca “extender” lo que ya, para el admirador de la obra original, es un estándar de todo lo que debe contener cualquier reproducción, pero sobre todo, de lo que no debe tener.

Berserk, el manga que Kentaro Miura creó en 1988 y permanece inconcluso, tuvo en 1998 una adaptación en anime de 25 episodios. Esos 25 episodios, más o menos unas 8 horas de duración, resumían los 13 primeros tomos, cerca de 3000 páginas. Esta adaptación además contrasta con la reciente trilogía de largometrajes de  Toshiyuki KubookaBerserk. La edad de Oro I: El huevo del rey conquistador (2012),Berserk. La edad de Oro II: la batalla de Doldrey y Berserk. La edad de Oro III: Descent (2013). A partir de aquí, spoilers que lamentaréis tragaros. En serio.

Es difícil construir el verdadero contexto para que el espectador se involucre en una historia. Somos, por naturaleza, reacios a lo nuevo y, si nos acercamos a algo, es siempre desde sus aspectos más superficiales. Por no desviarnos, digamos que el principal atractivo para Berserk es su descripción del individualismo, la virilidad, el sexo y la representación más cruda de la violencia. Es la imagen que se graba a fuego para el profano. Lo cierto es que no es sencillo empezar a ver la serie anime de 1998 sin levantar una ceja: tras un piloto que describe un mundo de criaturas demoníacas, fantasmas y justicieros sádicos, la historia vuelve hacia el pasado para contar los orígenes del Espadachín Negro cuando aún era el muy joven Gatsu.

La serie omite detalles del manga, en especial la violación que Gatsu sufre en su infancia (muy relevante tanto en su personalidad como en lo que subyace en la obra), pero establece a este personaje solitario en su encuentro con Griffith, líder de la banda del Halcón, mercenarios en tiempos de una guerra que dura ya 100 años. A partir de aquí, se genera un triángulo amoroso entre Griffith, Gatsu y Caska, la única mujer de la banda. No tardamos en conocer que tanto Griffith como Caska han pasado por traumáticas situaciones de abuso sexual. Ese triángulo amoroso tiene la habilidad de estar construido con cierta ambigüedad: Caska vive admirando al distante Griffith, más preocupado por conseguir poder en la Corte que en asuntos personales, mientras que desarrolla una relación de amor y odio con Gatsu, a quien envidia por el trato especial que Griffith le otorga. Por otra parte, la actitud posesiva de Griffith con Gatsu, a quien ve como su lugarteniente de confianza, termina por completar el triángulo.

Cuando George R. R. Martin habla de racionar los elementos mágicos en la fantasía, tiene un maravilloso ejemplo en Berserk: prescindiendo del prólogo del Espadachín Negro, como hace el primer largometraje, no tenemos apenas pistas de como va a cambiar todo. Griffith posee un amuleto un tanto misterioso y durante una batalla hay un encuentro con un guerrero convertido en demonio, pero la naturaleza y origen de estos elementos quedan soterrados en una trama que, a medida que avanza, se vuelve más y más poderosa por sí misma. Es sólo en su conclusión, con toda la esperanza perdida, cuando resurge el elemento fantástico: por un parte, como una metáfora de la desesperación y una materialización del conflicto principal entre los tres protagonistas, por otra, como un shock para el espectador que, en base al episodio piloto, recupera su percepción de una trama y una ambientación totalmente distinta.

Todo ello no sería importante si lo que allí sucede (asesinatos, traiciones, violación, ira y resentimiento) no resultase tan extremadamente cruel e impactante. Llamado El Eclipse, por como representa un cambio de ciclo y, a la vez, un punto álgido, el clímax se ha ido gestando entorno a una fuerte expectativa (el espectador conoce que algo va a cambiar las normas de juego ¡There Will Be Blood!) pero el buen desarrollo de la historia ha permitido que no lo contemplemos como algo necesario para disfrutar del argumento lo que, si bien no hace del clímax algo inesperado, sí resulta brusco y salvaje. El último episodio erradica toda posibilidad de esperanza, presente en el manga – obviamente, continúa hasta la fecha con 24 tomos adicionales, un total de 37 – y en el tercero de los largometrajes que deja un epílogo algo más relajado. Pero ese corte, ese momento en que la tensión es máxima y todo se transforma en un intercambio de miradas de rencor entre Griffith y Gatsu… es un momento que deja al espectador en una suspensión emocional angustiosa.

Quizás la clave sea la decompresión de la que hablaba Warren Ellis: no estamos asistiendo a un clímax sino a un primer punto de giro. Solo hemos sido testigos de una presentación de personajes que ha sido lo suficientemente detallada y sólida para sentirnos a gusto. Y justo cuando nos acostumbrábamos a esa dirección, sufrimos un golpe radical. Como las ocho bofetadas de Como conocí a vuestra madre, se ha anunciado el golpe pero su aparición ha sido inesperada y vehemente. Como el eclipse que le da nombre, un fenómeno que esperamos de antemano y que pasa con rapidez, pero que, por un breve instante, alcanza su punto álgido tanto en lo alto del cielo como en lo más profundo de nosotros.

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