Los límites del encuadre

tengoquemataramaria

Cuando se habla del fuera de campo se hace en aquellos términos donde, lo que sucede fuera de la pantalla, queda implícito. Ya sea gracias al sonido o algún elemento que ejerce de metonimia de la imagen omitida. Sin embargo, esa utilización de los límites del encuadre busca una reacción inmediata, el dejar claro lo ocurrido con una variación mínima de tiempo al momento en el que ha ocurrido. Hay dos cortometrajes que, aprovechando al máximo su formato, suponen magníficos ejemplos de un reto distinto.

El primero es “Ensayo sobre la ceguera” (Alberto González Vázquez, 2010), con su título ya parte sobre las propias limitaciones del espectador. En dicho cortometraje, Alejandro Tejería interpreta a un muchacho invidente que hace frente a dos revelaciones: una ruptura sentimental y una ruptura con las convenciones, al escuchar a su pareja, que se confiesa invisible. La conclusión del corto revela el engaño por partido doble: la muchacha y su amante no son invisibles, si no que, al igual que el campo de visión limitado del protagonista, hemos sido víctimas del engaño. Este engaño es comprensible dentro de la minusvalía del personaje de Tejería, pero resulta más inexcusable en el caso del espectador, que si resulta engañado es por el exceso de confianza en que nada puede existir fuera del plano.

Algo similar ocurre con otro cortometraje más reciente, “Tengo que matar a María” (Manuel Bartual, 2012). Aquí, la suposición parte de dos pequeños trucos: el primero es la voz en off del protagonista, que nos indica que su objetivo es acabar con una mujer a la que sigue a todas partes; mientras tanto, la imagen que apoya a ese texto es la de la actriz Rocío León, realizando esas actividades que le suponemos a la víctima. Todo ello nos hace intuir que nuestro protagonista se encuentra fuera de campo y, en una suerte de punto “subjetivo”, seguimos a su víctima. Pero pronto descubrimos como nuestra suposición es de nuevo errónea y León no interpreta a la víctima, si no al verdugo disfrazado. Aquí el uso de fuera de campo es opuesto al del corto de Alberto González: si allí no contábamos con el fuera de campo, aquí suponemos que tiene que existir a la fuerza. Ambos cortometrajes muestran un uso muy inteligente del plano, y ambos nos recuerdan que nunca tenemos que dar nada por sentado en esto del cine.

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  1. Prestidigitación | Henrique Lage - 30 noviembre, 2015

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