El espacio del cine se empequeñece

littlecinemawithlove

Con las palabras del título termina Albert Serra esta entrevista en Sight & Sound. Pertenece a esa raza de directores a los que esa situación no debería preocuparles: su espacio de proyección es pequeño, sí, pero fiel y entregado. No solo Serra, sino gente como Jose Luis Guerín o Sergio Caballero, pueden permitirse seguir fieles a sus pretensiones cuando estas se ejecutan a un nivel bajo. Con “bajo” quiero referirme a la ausencia de presupuesto y medios, pero no a la ausencia de ambiciones. Es más, ese cine “pequeño” es, por su propia condición, más ambicioso que ningún otro.

Sin embargo, todos notamos que si bien la presencia de esta clase de cineastas es ahora más accesible y prolífica que nunca, el “espacio del cine” parece haber delimitado tan solo dos extremos: el ya mentado y el del megablockbuster, donde las franquicias, el 3D y el Cine Evento domina por encima de todo. Pero, ¿que pasa con los espacios intermedios? ¿Dónde queda la “virtud” aristotélica? Es evidente que la amplitud de oferta ha desplazado a muchos cineastas, como es el caso de Francis Ford Coppola y su reciente Twixt, un juguete en manos de un cineasta que coronó Hollywood; pero también ha permitido que otros se reciclen cuando más perdidos estaban, caso de Kevin Smith con Red State, un caso de producción y distribución imposible en el pasado reciente. Estas dos últimas películas estaban presentes en el pasado festival de Sitges, de donde me fui con la sensación de una creciente oleada de cine “pequeño” que, en principio, no pertenecen al mismo cerco que la gente como Serra se han marcado para sí mismos. Allí estaban también Extraterrestre, de Nacho Vigalondo, que funciona por su economía de medios expandiéndose en una dirección inusual en su género, “Diamond Flash” deCarlos Vermut – que lamento no haber podido ver aún, siendo como es ya de culto – la rareza Hellacious Acres: the case of John Glass de Pat Tremblay o Love de William Eubank. No se si la falta de presupuesto agudiza el ingenio, pero no me cabe duda que dispara la pasión por el cine.

¿Qué consecuencias tenemos? Aquel cine “intermedio” que podía permitirse resultar atrevido y apelar al público por afinidades y no por estadísticas se ha visto desplazado a un no-lugar. Y de ese no-lugar se asoma extraño y misterioso. No es la situación idónea, pero desde luego hace fructificar cosas muy hermosas. Por otro lado, siempre habrá espacio para películas tan dispares como Buried de Rodrigo Cortés o Super de James Gunn, capaz de encontrar otros modos de llegar a la gente cubriendo un espacio para voces como las suyas. Hay que hacer hincapié que esto no es el mismo fenómeno que trajo a – de nuevo – películas como Clerks de Kevin Smitho Pi de Darren Aronofsky, ni tan siquiera a gente como Jim Jarmusch o John Waters. Ya no se trata de encontrar nuevos huecos de mercado, sino de crearlos de la nada. Cada película como su propio mercado. Iniciativas como Jouli Sit! del cortometrajista Pablo Hernando – autor del hermosísimo corto Agustín del futuro –  me despiertan un profundo interés y satisfacción por ver como se desarrollan nuevas maneras de entender el cine como industria. El espacio tradicionalmente asociado al cine puede haberse empequeñecido, pero, mientras tanto, algunos cineastas ya están crean nuevos y múltiples espacios futuros.

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