What time is it? Adventure Time!

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Me sorprende que a estas alturas aún no haya hablado de las virtudes de Adventure time, la serie animada de Pendleton Ward que me tiene robado el corazón desde su inicio, en abril de 2010. Ubicado en la imaginaria Tierra de Ooo, un ambiguo mundo entre el universo de fantasía y el mundo post-apocaliptico, narra las aventuras de Finn el Humano, un chico de 11 años, y su perro y hermanastro Jake el Perro, con la inexplicable habilidad de estirar y deformar su cuerpo a voluntad; juntos mantienen la paz en un país lleno de monstruos y princesas. A partir de una premisa tan simple, se introduce la declaración de intenciones de toda la serie: la animación se nutre de la febril imaginación de Finn y de la mutabilidad de Jake para ofrecer eso mismo, un producto de corte infantil pero cargado de veladas insinuaciones hormonales, sin miedo a hacer el ridículo y con un exquisito gusto por cambiar de técnicas y abordar la expresividad de los personajes – casi siempre exultantes – hasta los límites más extremos.

Esta pequeña rebeldía, que permite disfrutar a adultos y a niños con un producto que dinamita convenciones y moralejas sin ruborizarse, viene fomentada por una nueva forma de entender las series animadas. La mayor parte del equipo que realiza Adventure time para Cartoon Network, es joven – su creador acaba de cumplir los 29 años – y por tanto, afincada en las redes sociales; de ahí la serie se nutre del feedback que generan en portales como Tumblr o Twitter, dejando que los miembros creativos – músicos, animadores – cuelguen pequeños adelantos de los futuros episodios. Este feedback también genera casos curiosos, como el del próximo episodio titulado Adventure time with Fionna and Cake, donde asistimos a un mundo en el que todos los personajes tienen distinto al sexo a los que conocemos. El episodio nació de los bosquejos de la diseñadora Natasha Allegri al imaginarse a sí misma y su gato como los personajes protagonistas, y al publicarlo generó una respuesta tan positiva que se ha producido un episodio únicamente debido a esa respuesta. Esa mecánica de trabajo ha generado mucha confianza en el equipo que se ha traducido en un derroche de talento, un método participativo que puede ser relativamente nuevo dado el uso de las nuevas tecnologías, pero que parece generar resultados no tan dispares a los que Jim Henson y su equipo conseguían en sus producciones.

Ward cita a Hayao MiyazakiMax Fleischer y Pee Wee Herman como principales referencias, y deja que estas se noten, así como su amor por David Lynch a través de los “momentos Abe Lincoln” – nombrado así por la aparición del famoso presidente en su episodio piloto- , esos momentos donde la serie se permite ponerse críptica o directamente absurda por el puro placer de provocar estupor. Así, juntando todos esos grandes momentos, el equipo ha conseguido crear un nuevo fenómeno donde una serie de animación infantil parece tener, a la vista de la última Comic Con de San Diego, más fans entre la veintena que entre los niños.

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