El espacio blanco en Ikea

bothersomeman

La reciente apertura del nuevo Ikea en A Coruña me trae a la cabeza un montón de pensamientos. No es que no conociese las famosas mueblerías suecas con anterioridad, pero quizás hasta entonces no había perdido demasiado tiempo en reflexionar sobre estas. Estaremos todos de acuerdo en que el ambiente tiene una estética particular, más allá de su tan pregonado diseño: los espacios en Ikea están organizados no únicamente como exposición del mueble si no como una especie de porción alejada del mundo; toda su frialdad, siempre con el añadido de aparentar un almacén o una nave industrial, contribuye a una sensación en el cliente de “posesión”, como aquella escena de Crimen Ferpecto (Álex de la Iglesia, 2004) donde Guillermo Toledo y Kira Miró se quedan a pasar la noche en el centro comercial en el que trabajan. Es importante resaltar el concepto de que pretende aparentar un almacén, no una tienda, si no que busca tener la estética de un simulacro de almacén, ni siquiera aparentar un almacén, solo demostrar esta intención.

En este punto ya hemos llegado a algo determinante: Ikea es un paisaje de ciencia ficción donde las encimeras de madera, los lápices de carpintero, las cintas métricas de papel y los tornillos de roscachapa vienen acompañados de columnas acristaladas donde se hacen pruebas de presión y peso en cajones abiertos por robots o donde el sistema de mercado incluye primero el paso de observar y después de decidir si se compra o no, sin ni siquiera llegar a adquirir el producto para pasar por caja. Para colmo, su trazado viene señalado por una serie de flechas en el suelo que no pretenden facilitar el camino al cliente si no prolongarlo: las señalizaciones de “Salida” obligan al cliente a pasar por delante de todas las secciones, alargando su trayecto de huída a la espera de que en el mismo vea algo que le guste. Este paisaje laberíntico ya tiene algo de pesadillesco, incluído que los estantes de esos falsos habitáculos modulares incluyan estanterías llenas de libros en sueco, cuya apertura supone asomarse al abismo de un lenguaje incomprensible, con apenas la portada para saber si se trata de un libro de cocina o de una novela de misterio. Quizás ambas.

Ese aspecto terrorífico, donde el minimalismo hogareño y las bombillas de bajo consumo sustituyen a gárgolas y telerañas, viene incrementado por un nuevo simulacro: secciones de jardinería llenas de plantas de plástico o de cuadros donde fotografías de paisajes fantasmales – en un siempre distante blanco y negro – se mezclan con coloridas imitaciones pop y lienzos de plástico inspirados en algún punto imaginario entre Mark Rothko y H.R. Giger. Ese discurrir entre flechas y módulos me trae a la cabeza Playtime (Jacques Tati, 1967) aquella pesadilla de mundo futuro que ahora es el pasado, lo que nos indica que vivimos más allá de aquel temor, o como mínimo, en perpetuo estado de repetición retro.

Pero si hay una película con la que comparar el efecto Ikea esa debe ser El inadaptado (Jens Lien, 2006), fábula huxleyana hablada en noruego que no solo se permitía el presentarnos una sociedad anclada en un mundo de diseño, una sociedad que no permite salirse de los márgenes y las flechas tristemente pegadas en el suelo, si no que ni tan siquiera permitía el dolor o cualquier pertubación sensorial, incluída el gusto o el olor… si no que además suponía a su vez otro simulacro: desde la primera aparición del protagonista, forzosamente recuerdo de París, Texas (Wim Wenders, 1984) hasta la descripción quirúrgica de este brave new world del interiorismo, El inadaptado es una película sobre la falsificación de la realidad y por tanto, otra película sobre el mundo del cine, que en último término habla de sí misma, consciente de ser una barata imitación de la idea de la existencia. El punto máximo de este espacio negativo es un rollo de papel – probablemente reciclado – que pude observar dentro de la nueva tienda de A Coruña. Dicho rollo invita al cliente, junto a los lápices diminutos que aparecen en cada esquina, a hacer su propio croquis de su cocina ideal o de su cuarto de baño perfecto. Los torpes intentos que contemplé de parejas que hacían uso de su cinta métrica de papel para hacer vagos intentos de planos de habitaciones fueron rápidamente olvidados al encontrarme con que también había la opción de diseñar estos por ordenador, haciendo inútil el engorroso papel y lápiz que tantos problemas dan a quienes no los frecuentan y regalando la opción del punto de anclaje, del programa de diseños prediseñados, donde la creatividad está cercenada por un limitado número de posibilidades para introducir o no una nevera en el conjunto. Esta especie de Tetris de mobiliario me recordó a los momentos en que los juegos de “Los Sims” – otra pesadilla satánica disfrazada de producto inocuo – nos ofrecen la posibilidad de diseñar las casas de nuestros personajes… siempre con un número muy concreto de enseres y hasta que el monedero aguante. El papel blanco en rollo quedaba entonces desperdigado por las mesas lacadas, con rectas y polígonos apenas esbozados, medio arrugados, demostrando así el fracaso de la creatividad de aquellos clientes. ¿Quién va a temer la hoja en blanco pudiendo elegir la pantalla llena de opciones? Y en cosas así, morimos poco a poco.

Anuncios

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: