Alan Moore: la autopsia del héroe

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Si hay una figura que ha dignificado el medio del cómic ese es Alan Moore. No porque gente como Will EisnerArt Spiegelman o Hergé merezcan menos reconocimiento, ya que es ineludible su aportación al formato, si no porque la figura de Alan Moore no solo venía acompañada de un talento excepcional para explorar los límites del formato, si no porque además consiguió su popularidad siendo la persona adecuada, en el sitio oportuno y en el momento justo. El cómic llevaba ya explotados muchos de sus mejores recursos narrativos, pero a pesar de ello, seguía minusvalorado en una sociedad que seguía identificándolo como un medio infantil, ajeno a cualquier tipo de intelectualismo; Moore fue lo suficientemente avispado para hacer de su erudición algo distintivo, pero a costa de ganarse una merecida fama que no buscaba. Desde entonces, sus proyectos son pantagruélicos collages de metaficción tan densos como hipnóticos, y hace de cada uno de sus guiones una catedral con la que expande las formas de interpretar el dibujo secuencial, en una simbiosis con sus dibujantes ciertamente notable. Pese a la poca justicia que sus adaptaciones al cine le han hecho a su obra, más allá de ocupar espacio en algún dominical distraído, Moore sigue existiendo en el inconsciente colectivo como totémico representante de todo un formato, un clásico en vida que es, a menudo, malinterpretado o analizado con excesiva frivolidad. He aquí la paradoja: la de un genio que es popular, pero a la vez, incomprendido en su tiempo.

La Editorial Dólmen ha tenido a bien dejar en manos de J.J. Vargas un libro monográfico – el más completo sobre el autor de Promethea que existe en español – en la que, incluso dejando de lado aspectos inabarcables pero igual de intrigantes como su faceta estrictamente literaria,  su excéntrica vida privada, sus hobbies musicales y performances, su condición de mago o su execrable relación con el cine, abarca unas nada desdeñables 300 páginas en las que suceden obras de lo más variado del género, desde el fanzine punk hasta la novela gráfica de prestigio, lo cual da una imagen global del amor que desprende Moore por su profesión, al no despreciar ninguna oportunidad. Lo más destacable del trabajo de Vargas es que consigue la difícil gesta de examinar ampliamente las rebujadas obras del mago de Northampton haciendo un libro ameno y entretenido, incluso para los que desconocen totalmente al autor de V de Vendetta. De alguna forma, ha conseguido que el abundante y caótico multiverso de Moore sea accesible para todos, y lo ha hecho de un modo en el que el homenajeado estaría orgulloso: desde la referencia cruzada, desde la disección erudita pero popular, abriendo con dos emotivas introducciones (una a cargo de Nacho Vigalondo) y cerrando con una vuelta de tuerca a lo escrito. Con buen pulso de cirujano, esta es la autopsia de un tipo distinto de héroe: el que desde la ficción ha buscado cambiar el mundo.

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