Un profeta

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La principal sorpresa que guarda en su interior Un profeta es la increíble capacidad para navegar entre límites complejos que le permiten ser una especie de monstruo de Frankenstein de cicatrices invisibles. En la última película de Jacques Audiard hay espacio para una estructura clásica de progresión y ascenso en el mundo criminal como para la crítica social acerca de la exclusión del colectivo musulmán y de una cuestión sobre la identidad francesa, pero también para aproximar el relato tanto al onirismo del remordimiento, de los fantasmas que arrancan el relato y de un viaje a la sacralidad que alude el título mediante el ejemplar uso del elemento intermediario de la naturaleza. En ese momento en que la película navega con el misticismo, no tiene ningún problema en volver a la descripción minuciosa de la vida criminal del protagonista como si el acto careciese de significancia.

Es en ello en lo que más destaca la película: en ese camino cada vez más complejo en el que el protagonista transita por la vida criminal dentro de un recinto inicialmente concebido para reintegrarlo en la sociedad. Y en realidad, es lo que la cárcel hace en él: integrarlo a través de ponerle ante su propia imagen en la sociedad dentro de un entorno cerrado, aunque no controlado, en el que se debate entre idealismo y pragmatismo. Sus decisiones van evolucionando desde lo necesario e imprescindible para la supervivencia a una cierta individualidad que alcanza a partir de acciones más emocionales que intelectuales, pero sin descuidar en ningún momento su margen ante el peligro de la desprotección. En cierto modo, liga una figura paterna a su mundo y se crea al mismo tiempo a un apoyo y un antagonista. Quizás la película se exceda en su descripción de los actos, muchas veces repetitivos y carentes de aportación dramática, que es a donde en realidad quiere llegar la película, pero consigue sorprender y llenar la historia de momentos tan culminantes como su acto profético ante la violenta irrupción de la naturaleza, a modo de acto divino que también tiene lo suyo de una imagen muy asociada a Oriente Medio: la idea de que hagamos lo que hagamos, Dios está de nuestro lado.

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