Dolce far niente

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Me dice un amigo que para ser este mi blog personal, hablo muy poco de mí mismo. Supongo que tiene que ver el lento transcurrir de las cosas, la poca seguridad que hay en los proyectos en los que estoy y un poco el temor a revivir heridas pasadas, donde la indiscrección terminaba siendo materia de reproches. Y es que parece mentira que el último trabajo que pueda anunciar ya halla cumplido más de un año: grabamos Dolce far niente en octubre de 2008, gracias a una ayuda de la Consellaría de Cultura y Deporte de la Xunta de Galicia. Cabeza de pescado había empezado a moverse, las vibraciones posteriores fueron más positivas de lo que esperaba y el corto me dió alguna alegría; Dolce far niente, en realidad, estaba planteado como una imagen inversa: donde uno era en blanco y negro, el otro destacaba por su color, donde uno era hermético el otro era diáfano, donde uno era decorados y estilización, el otro era realismo y localizaciones auténticas, donde uno era fantasía, el otro era cotidianidad aunque un punto de extrañeza. Supongo que la idea que me rondaba la cabeza era la de probarme a mí mismo las capacidades para levantar un proyecto así; y tengo seguro de que conté con un equipo con talento y sobre todo, paciencia para aguantar mis caprichos, pero que también el resultado se ajusta menos a lo que tenía en mente de lo que Cabeza de pescado significó para mí. Y de esto último me responsabilizo por completo. El verdadero valor que le encuentro a Dolce far niente es como experiencia propia. Digamos que si Cabeza de pescado era un cortometraje  que marcaba mis ambiciones, Dolce far niente es el que marca mis límites, o al menos, mis límites en aquel momento, pues quiero creer que en los últimos meses y tras este rodaje, soy una persona más precavida y metódica.

Entonces, la urgencia por continuar con los cortometrajes me venía por cierto miedo a que Cabeza de pescado hubiese sido una ilusión. Una anécdota. Supongo que de ahí vino mi testarudez, y mi imprudencia. Pero lo cierto es que más de un año después, no he vuelto a verme en la situación de dirigir un proyecto nuevo con un equipo considerable, aunque sí he aprovechado el tiempo en otras cosas, por ejemplo, en escribir un artículo para la gran iniciativa coral de We Love Cinema, o en obligarme a que mis próximos proyectos vengan con una base mucho más sólida, más elaborada; aunque yo siempre he compartido la opinión de Álex de la Iglesia, de que a hacer cine se aprende haciendo cine, bueno, malo o regular, pero cine. Entre medias, se ha caído algún proyecto bastante serio, y a la vez, están en camino otros de mayor envergadura y por tanto, menos plausibles. Pero si la cuestión es que será lo próximo, tengo en la recámara un cortometraje muy diminuto, grabado casi de imprevisto y del que estoy bastante contento, esperando a que pueda dedicarle unos días a concluir el montaje, y otros tantos a decidir que hacer con él después. Se titula El Autómata, y espero que no pase otro año antes de poder hablar detalladamente sobre él.

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