Donald Quaterbate & His Mate

quaterbate

En 1986, la BBC creó un film de animación, dividido en episodios y alternado por momentos didácticos, bajo el título de Muzzy in Gondoland, con la intención de crear una colección de vídeos que ayudase a la difusión del inglés como segundo (o tercer) idioma entre los más pequeños. De un gran éxito, la historia narraba con cierto surrealismo la visita de un extraterrestre a un reino donde la princesa, enamorada del jardinero real, huía con este a pesar de la negativa de sus padres; Muzzy era ese gigantón extraterreste peludo y verde que deboraba relojes y parquímetros. En la línea de muchos programas infantiles, las coloristas aventuras de Muzzy eran apenas esbozos psicodélicos, cuyo anacronismo se mezclaba con los esquemáticos diálogos que hoy producen una sensación de estupidez, de personajes que, si no hablan más o mejor, es porque apenas balbucean palabras. Muzzy es, como muchos otros programas orientados a la divulgación de idiomas, un forzado, expositivo catálogo de saludos y maneras dotada de una falsedad, una lentitud y una pronunciación ciertamente autista. La popularidad de la animación flash como vía expositiva, donde el alarde de la falta de medios y tiempo han ido creando tanto un discurso como un subgénero, nos ha llevado a conocer un tipo de animación ajena a la espectacularidad o incluso a cualquier intención narrativa, algo puramente experimental que va desde el Dumbland de David Lynch al Salad fingers de David Firth, pasando por los arrebatos iconoclastas de los VengamonjasDonald Quaterbate & His Mate parece estructurado como una versión minimalista de Muzzy, donde la claridad de esta da paso al ruidoso, inapetente y confuso mundo de un humor británico, en la linea de The Young Ones o La pareja basura pero mirando de reojo a la actitud cafre de Beavis & Butthead o Sin duda, la máxima influencia de la serie de Pablo Vidal nace del propio internet, desde los youtube Poops hasta Cyanide and Happiness (y su magnífico, espectacular cortometraje, Waiting for the bus) o, con mayor resonancia, Electric Retard. Pero hay que destacar que se trata de una serie que resulta más interesante por sus ausencias, sus limitaciones y sus marcadas elipsis como running gag, que por la herencia que arrastra, ya que, en primer lugar, la gran virtud de Donald Quaterbate & His Mate está en que no se parece a nada que hayamos visto antes: es un imprevisible caos de dibujos inertes pero mutantes, en una suerte de galería ballardiana de atrocidades ortopédicas, que no tiene ningún punto de apoyo para el espectador. Es algo nuevo, perturbador y tan dificil de digerir como de definir. Algo que seguir de cerca.

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