El Cosmonauta: proyectos del nuevo mundo

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Es evidente que nos encontramos en un momento de cambio importante. Elementos como las nuevas tecnologías, la crisis mundial o los problemas del sector audiovisual para continuar su hegemonía en salas ante el impulso del mercado doméstico (legal o alegal) están produciendo cambios cuyo resultado final es complicado de prever, así que las acciones que ahora mismo se están tomando han de tener en cuenta esta complejidad para solventar, del mejor modo posible, todos esos impedimentos aún invisibles. Algunos de esos obstáculos pasarán obligatoriamente por como saber llegar a un público conectado a la red de redes, esquivando los problemas y suspicacias que hoy mismo levantan (bien sea por inflexibilidad de ambas partes) los derechos de autor entre autores y público, o mejor dicho, entre los intermediarios de los autores y público; así como también se debe tener en cuenta el más delicado factor de la financiación ya que ante la explosión democrática del audiovisual, nos hemos topado con una multitud de ofertas que no necesariamente han de responder a una demanda equiparable, y por lo tanto, la ya de por sí difícil tarea de saber que puede “funcionar” y que no, se vuelve mastodóntica.

Puede que El Cosmonauta, la propuesta de Riot Cinema Collective no sea la respuesta definitiva, pero hay que reconocer que se le aproxima poderosamente. A partir de un argumento de obvio precedente en Solaris  (Andrei Tarkovski, 1972), se construye una proposición económica que, en su mismo planteamiento, está marcando toda una declaración de intenciones: es el propio público de la obra quién da su aprobación al proyecto y colaboran directamente en su financiamiento, para ser ellos mismos, los receptores de la obra terminada. Una propuesta arriesgada que, sin embargo, da las suficientes garantías al inversor, tanto en su transparencia informativa multiplicada en sistemas como Facebook , Vimeo o la blogosfera como el hecho de que la inversión no sea exclusivamente una voluntad solidaria si no que tenga un producto a cambio, no tan sólo materializado en la promesa de realización de la susodicha obra como en todo un merchandising relaccionado y el apoyo de múltiples instituciones. Es sin duda, una propuesta revolucionaria en más de un sentido, y no tan sólo por el uso de este curioso método de financiación, que no es en absoluto novedoso ni siquiera en este país (ahí están La Wikipeli El Apóstol, en consonancia) si no por exponer tan clara y profesionalmente sus deseos desde el principio, dando una mutua colaboración entre autor y público; y miren: sin intermediarios.  Quizás el mejor ejemplo para apoyar todo esto se haya dado dentro del mismo sistema y el mismo proyecto: entre los productos ofertados en la tienda que permite financiar El Cosmonauta, se encuentra el libro de poemas Poética para cosmonautas de Henry Pierrot, (cuya lectura, por supuesto, recomiendo) un libro que se puede encontrar para su descarga gratuita y legal, pero que, sin embargo, ya ha agotado ejemplares vendidos, una respuesta impredecible. Algo que tiene que significar todo esto.

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