Nada acaba nunca

Watchmen

De entre lo mejor que podemos sacar en limpio del fenómeno Watchmen están estas dos joyas: un videojuego beat’em up estilo Kung Fu Master (1984) que demuestra mucho cariño en la campaña promocional, y por el otro lado, esta parodia de los dibujos animados de sábado por la mañana, poniendo a los personajes creados por Alan Moore como simples arquetipos desenfadados y moralistas, que tienen su máximo esplendor en ese Rorschach transformado en alivio cómico. Los guiños en esta pequeña animación son tan variados como acertados: Scooby Doo, Las Tortugas Ninja, Los Cazafantasmas, Turbo Teen… videojuego y animación son reflejo de un elseworld donde una de las obras totémicas del género es infinitamente más sencilla, menos intelectual y más abierta a todo el público, aún a costa de perder las virtudes que diferencian a la obra original.

A la vista está que la versión de Zack Snyder funciona de la misma manera: como un ampuloso reflejo de todos los tics de la adaptación superficial, como una parodia involuntaria de si misma, con una supuesta ironía hacia la tendencia actual de Hollywood al adaptar comics de superhéroes en versiones macarras, forzadas y caducas. Pero seamos claros:  Snyder no es Paul Verhoeven, probablemente su sentido del humor tienda más al lado de Michael Bay, donde nos resulta difícil diferenciar entre lo que es involuntariamente cómico y lo que es auténtico sentido del humor. Así, los planos transcurren despacio cuando le pide al fan que reconozca ahí la viñeta en un lento movimiento, los personajes sueltan las mismas frases que en la novela gráfica pero uno nunca termina de creérselo, todo está cubierto por un envoltorio de ambición feísta pero va demasiado deprisa en una película de 3 horas, una difícil contradicción que es quizás el mejor término que se le puede aplicar a este Watchmen, un elseworld que se niega a si mismo en base a defender todo aquello que no demuestra ser.

¿es una sátira política? ¿es una parodia del género con ambiciones de clásico? La obra original era ambas cosas y además dejaba espacio para la metaficción, que aquí desaparece en base a actores que se ven obligados a replicar textos y posturas, pero nunca actuar. Moore se aleja de estas adaptaciones por un mito muy claro, no porque deformen su obra para ofrecer una versión atrofiada si no porque se siga manteniendo un modelo de cine para masas en el que su obra no puede encajar. Es imposible no sonreir con una película que empieza a ritmo de The Times They Are A-Changin’ pero donde todo permanece igual, en un sistema equivocado y pagado de sí mismo.

Lo cierto es que Snyder no deja de ser un hombre de su tiempo: el barniz falsamente intelectual rodea un envoltorio glam de gore caricaturesco y sexo profundamente hortera, y para ello, ha estrenado su película en cines como un mérito trámite, casi una herramienta publicitaria donde la gente paga por ver un tráiler de una obra incompleta, que solo puede entender desde el formato doméstico. Una vez sentado ante el dvd, la película cobrará otra vida, ya que como pasando las páginas de un tebeo, podremos retroceder y avanzar para entender toda esa serie de detalles inútiles que solo están como réplica a algo tan absurdo como la fidelidad, una virtud para unos pocos, una condena para lasa adaptaciones de comic.

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