El encanto de poder perderse

perdidos
Sin ninguna duda, Perdidos es la única serie de la actualidad que no necesita presentación. Su intrincado puzzle narrativo, sus misterios disparatados, su sensacional coqueteo con todos los géneros posibles, su reparto coral en un casting fantástico y la sensación de interacción con el espectador son algunos de los aspectos que la acercan a la más pura vanguardia. El cariño con el que demuestra estar hecha y las pequeñas pero constantes dosis de alegrías para el seguidor habitual que supone cada capitulo son dos buenos motivos para seguirla, pero el que quizás tenga más peso es la excelente capacidad para incrementar su vida más allá de la emisión establecida, siendo objeto de debate durante horas, creando todo un submundo ampliado de teorías y bandos, devolviendo esa sensación colectiva de admiración, del carácter folletinesco que hace que nos preguntemos que nuevos misterios nos prepararán para la próxima semana.

Uno de los elementos que más me está interesando del desarrollo actual de la serie es el juego con el tiempo. Al margen de la trama principal y obviando la clara manifestación de la ciencia ficción en la serie, la estructura de la misma parece pensada con años de antelación, teniendo en cuenta nuevos sistemas como internet y el mercado doméstico, una serie para ser apreciada tanto durante su emisión como en posterior revisionado cuando la misma acabe. La construcción estructural de “Perdidos” se fomenta en una escala que se replantea a si misma constantemente: primero intercalando flashbacks de manera convencional, luego replanteando el flashback como secuencia ya vivida, con un personaje presente en un hecho pretérito, luego introduciendo sin avisar el flashforward, y como no, combinando flashbacks y flashforwards que se confunden para disasociarse de manera extraordinaria. La última locura que se les ha ocurrido al equipo de Lindelof y Cuse es un flashback (que en realidad no es tal, ya que continua la serie en su cronología de 2004) donde los personajes viven literalmente momentos anteriores a ellos, y todo parece indicar que son además ellos los que provocan sucesos futuros que para ellos ya son el pasado.

El gran misterio de Perdidos fue en primer lugar a que género pertenecía la serie, más tarde se empezaron a desvelar toda una cadena de pequeños interrogantes que formaban parte de un todo, de una naturaleza del espacio (y el tiempo), pero finalmente, el seguidor de Perdidos se encontrará, cuando esta llegue a su fin, con un puzzle sin montar. Un puzzle cronológico donde nos prometen que no faltan piezas pero que no será fácil de encajar sin tener a mano lápiz y papel. Ahora que nos bombardean con una televisión digital donde uno puede elegir, Perdidos es una de las pocas series que trata de borrar del espectador la tendencia a la pasividad; en Perdidos nosotros completamos el cuadro.

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